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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

El regreso de St. Pauli

Acaba de ascender a la primera división de la Bundesliga el mítico equipo de St Pauli de Hamburgo, luego de 13 años de permanencia en la segunda división del fútbol alemán. Esto generó, por supuesto, toda una algarabía no solo en el puerto y el distrito rojo de Hamburgo sino en muchos rincones del mundo donde el club tiene numerosos aficionados. La noticia no tendría mayor trascendencia fuera de los círculos futboleros si no fuera porque se trata del equipo considerado como el más progresista del mundo y es todo un símbolo contra el fascismo, el neonazismo, el racismo, la xenofobia y la homofobia entre otros males, sesgos y discriminaciones que hacen parte de la sociedad de hoy.

Los cánticos de las tribunas del Millerntor Stadion se pueblan de consignas constantes a favor de la igualdad y contra todo tipo de exclusión y discriminación. Como “Lo único que importa es el amor” o “Los refugiados son bienvenidos” o “Ninguna persona es ilegal”. Sus estatutos lo definen como una asociación deportiva “antifascista, antirracista y antihomofóbica” y las camisetas de la tienda oficial llevan el eslogan “Ama al Sankt Pauli, odia el racismo”. Cuando el equipo ingresa en el campo de juego, los fanáticos cantan Hell Bells, el tema de la banda heavy AC/DC. Sin duda todo un lugar de encuentro de la resistencia y el reclamo donde punks, rockeros, metaleros, poetas, marginales y la contracultura en general conviven y celebran juntos la victoria y comparten el destino de la derrota. En la década de los ochenta, varios jugadores e hinchas hicieron parte de las Brigadas de Solidaridad con el gobierno sandinista de Nicaragua y de igual forma otros miembros del equipo viajaron a hacer brigadas agrícolas en Cuba. Regresaron a la isla en 2005 a un partido amistoso con la selección nacional de Cuba. La mayoría de los ingresos del club vienen de los propios hinchas, de las más de 500 asociaciones de fanáticos alrededor del mundo. Hace varios años suprimieron todo tipo de publicidad que hiciera apología del machismo o que objetualizara la figura femenina e incluso no se venden camisetas con los apellidos de los jugadores para no individualizar deportiva y económicamente a nadie en particular al igual que se prohibió la publicidad en pantallas gigantes en el estadio.

Dijo hace unos años Corny Littmann, expresidente del club y el primer dirigente de un equipo de fútbol en reconocerse públicamente como homosexual y asumir el cargo vestido de mujer: “Soy tan fiel a mi club como infiel a mis amantes. Mi club demuestra que se puede ser gay y viril” en directa concordancia al espíritu del club y sus estatutos fundadores.

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