
Los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo demostraron que la polarización política es un asunto global. El descontento ciudadano en el Viejo Continente con los distintos gobiernos de centro derecha y centro izquierda fue evidente. En efecto, muchos países europeos se fueron hacia los extremos. Uno de los casos más notables fue Francia, en donde Rassemblement National – RN, partido de extrema derecha antes precedido por Marine Le Pen y ahora por el joven Jordan Bardella, obtuvo el mejor resultado con un cerca de 32 por ciento de los votos, superando por más del doble al segundo con mayor votación que no tuvo ni el 15 por ciento.
Como consecuencia de los resultados, el presidente Emmanuel Macron decidió hacer uso del artículo 12 de la Constitución y disolver la Asamblea Nacional. Esta, que es una de las dos cámaras del Parlamento Francés, es elegida directamente por los ciudadanos a diferencia del Senado que se escoge de forma indirecta. Para Macron el mensaje era claro: los franceses no están contentos. Por tanto, deben escoger de nuevo a quienes los representan en la Asamblea Nacional.
La mayoría de analistas están seguros de que la extrema derecha va a ganar las elecciones legislativas en ese país. Más, si se tiene en cuenta que estas se van a realizar el próximo 30 de junio. La Constitución francesa determina que, en estos casos, las nuevas elecciones se deben realizar entre 20 y 40 días después de que se realice la disolución. Macron las convocó a los 21 días, es decir, 3 semanas después de que se conocieron los resultados. Eso deja muy poco tiempo para que las campañas cambien lo que ya mostraron los resultados del 9 de junio.
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