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María Jimena Duzán
Puntos de vista

No me van a callar

La semana pasada les formulé unas preguntas a Laura Sarabia y a su hermano Andrés y se me vino el mundo encima. En cuatro días, el presidente Petro me graduó de enemiga, me acusó de ser una periodista del Mossad y empoderó a Laura Sarabia para que en lugar de que ella respondiera las preguntas que le había formulado, me anunciara una demanda. Así lo informó Darcy Quinn en la FM, una periodista que pasó de ser una acérrima defensora del Gobierno Duque a convertirse en el megáfono de Laura Sarabia y de su abogado Mauricio Pava, la dupleta poderosa que rodea y protege a Petro.

Cuando un presidente estigmatiza a un periodista lo vuelve desechable y lo lanza a los lobos para que se lo coman. Eso hizo Petro conmigo: decidió que yo ya no era “respetable” y que solo era útil para alimentar el odio que moviliza a su jauría tuitera. Por cuenta de que me declaró periodista del Mossad, me cayó una avalancha de amenazas que me convirtieron, en cosa de segundos, en la enemiga número uno de este Gobierno y en una “terrorista”. Como si esta reacción no fuera ya delirante ni desproporcionada, me anunciaron una demanda. ¿Toda esta andada por qué se me vino encima? Porque me atreví a formularle un derecho de petición a la mano derecha del presidente, a la poderosa Laura Sarabia, quien nunca contestó. Formular derechos de petición en la prensa es una práctica vieja y se pueden utilizar cuando uno tiene fuentes off the record que confirman hechos de corrupción y que deciden no dar la cara porque tienen miedo o porque fueron amenazados. Eso fue lo que me sucedió.

Petro desechó de plano mis cuestionamientos a Laura Sarabia sin siquiera leerlos. Los consideró periodismo basura y, sin sonrojarse, me puso del lado de quienes lo quieren sacar del poder a sombrerazos. Qué acusación tan infame y peligrosa para la libertad de expresión. Si la demanda que me anunciaron prospera, se convertirá en delito hacerles preguntas no solo a Laura Sarabia sino a todos los que el presidente defienda. Si eso sucede, el ejercicio del periodismo en Colombia quedará reservado solo para el periodismo fletado que no incomoda y que tanto defiende ahora al presidente y a los silencios de Laura Sarabia.

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