Ir al contenido principal
Rudolf Hommes
Puntos de vista

Oportunidades que no se aprovechan

Una peluqueada en Colombia vale entre 50.000 y 70.000 pesos en un sitio caro, y en Estados Unidos puede valer entre 50 y 70 dólares si no es en la peluquería del Waldorf Astoria. Llama la atención que una persona de baja capacitación que emigra a Estados Unidos o a la Unión Europea y obtiene empleo aumenta su productividad y en consecuencia su salario varias veces. Esto podría implicar que, si no hay trabas, los incentivos para emigrar serían incontenibles y muy probablemente se solucionarían en los países en desarrollo los problemas de desempleo e informalidad. No sucede porque en los países desarrollados, a pesar de que se están quedando sin mano de obra, predomina la idea de que eso perjudica a los trabajadores locales, y hay innumerables trabas legales y culturales a la inmigración, situación que parece ir en la dirección opuesta a la que favorecería a millones de trabajadores de baja capacitación en el mundo y reduciría la pobreza y la disparidad entre naciones.

La posibilidad de que un trabajador poco capacitado duplique o triplique su ingreso y su productividad como consecuencia de haber cambiado de país les generan a los economistas otras inquietudes: como hay grandes diferencias de salario y de productividad entre el sector formal y el informal en una misma economía y no existen barreras legales que impidan que un trabajador informal obtenga un empleo formal debería observarse un flujo constante de trabajadores de la informalidad a la formalidad, lo que evitaría que tengan que emigrar. Esto no pasa, y para que ocurriera haría falta que intervenga una autoridad que induzca ese cambio con estímulos preferentemente o vía regulación.

Esta inoperancia del mercado sugiere que hay factores internos en el país que impiden aprovechar localmente esa diferencia potencial en productividad laboral que se pierde y es un recurso humano que se desperdicia y a nadie beneficia. Algunos de los interesados en esta particularidad han investigado si ello se debe a restricciones de capital, o de acceso a la tecnología, a escasez de recursos o a insuficiencia de mano de obra como proporción de la población, y han concluido que el obstáculo parece provenir del gobierno, de la reglamentación vigente y de las instituciones, posiblemente también de ausencia de competencia. Países como Colombia podrían crecer más para que su ingreso por habitante vuelva acercarse al de los países desarrollados, o al de otros que ya convergen, si tuviera un buen gobierno y existieran las reglas, políticas y condiciones de mercado que permitieran tomar ese camino.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales