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Rodrigo Botero
Puntos de vista

Oro y corresponsabilidad internacional

La demanda de materias primas y alimentos en el mundo sigue creciendo; muchos de ellos se producen en condición de ilegalidad o informalidad, o con impactos ambientales y sociales que indican su insostenibilidad. Ganadería, aceite de palma, soya, maderas, café y cacao, son parte de la lista de cadenas que ha priorizado la reglamentación de la Unión Europea, que deben garantizar la debida diligencia para corroborar que sus productos no provienen de zonas deforestadas posteriormente a 2020. Pero por el lado de minerales, como es el caso del oro, el récord de precio internacional (hoy está a más de 2200 dólares la onza), está presionando enormes territorios en los que hay oferta del mineral, muchos de ellos con restricciones legales a ese tipo de uso, y otros, donde habiendo la posibilidad de desarrollarla, no existe presencia estatal que permita una extracción ordenada, y con prácticas sociales y ambientales apropiadas.

El hallazgo de zonas con presencia de oro, generalmente de aluvión, ha traído como consecuencia, la presencia de grupos armados, que pelean ferozmente el control de estos territorios, sus poblaciones, las “minas”, así como el control de las rentas de negocios conexos, e inclusive, de manejar migraciones dirigidas para hacer recambios poblacionales afectas al grupo armado triunfante. No es un fenómeno puramente colombiano, pues desde Madidi en Bolivia, pasando por Madre de Dios o Loreto en Perú, o en el alto río Negro brasilero y en el arco minero venezolano, esta es la constante. Es un modelo, poderoso económicamente, que además ha cooptado autoridades regionales, políticas y militares, que han sido la bisagra fronteriza, que permite el movimiento de maquinaria, mercurio, soporte armado, trata de personas, y obvio, el preciado metal.

Dado que no hay un esfuerzo serio de los países y empresas compradoras del oro -sean nacionales o internacionales-, donde ni trazabilidad, certificación de origen, legislación sobre lavado de activos, relación con narcotráfico, promoción de esclavismo y explotación sexual, han servido, para generar un marco que estimule la producción formal, y cierre la puerta a la gigantesca oferta de la producción ilegal, el resultado es la cada vez mayor ampliación del impacto ambiental, social económico y político del mercado ilegal del oro. En medio de sonrisas, fotos y declaraciones, algunos de los países donde finalmente llega el oro, promueven uno que otro proyecto de sostenibilidad ambiental o social, restauración, mejora tecnológica, o asociación entre pequeños y grandes mineros. Pero, de fondo, no hay control y exigencia a la trazabilidad del oro que llega a países que cada vez juegan un papel más crucial en este fenómeno, como es el caso de Emiratos Árabes.

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