
Cuando se haga la historia reposada del derecho ambiental colombiano, la última semana de agosto del 2024 pasará como la más fértil y casi frenética en materia de disposiciones ambientales trascendentales.
La buena aplicación de estas normas dependerá del buen juicio y de la ponderación como se apliquen.
Hay que registrar, en primer lugar, la declaración de exequibilidad que le dio la Corte Constitucional al tratado de Escazú. Era un fallo muy esperado por los interesados en materias ambientales que estaban pendientes de la determinación que tomara nuestro juez de constitucionalidad al respecto.
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