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Jaime Honorio González

A mordisco limpio

Yo no había visto esta infausta forma de despedazarse de un gobierno en ejercicio. De un gobierno de un país, no de una junta de acción comunal o de la copropiedad en un edificio, que muchas veces suelen ser peores, no. De un gobierno de un país, que —además— funciona, a trancas y a mochas, pero funciona. Sinceramente, no lo había visto.

He leído sobre las triquiñuelas imperiales en la Roma antigua, sobre las peleas intestinas en la Nueva Granada recién independizada, sobre el ambiente alrededor de Judas el Iscariote cuando traicionó a Jesús por 30 monedas de plata. Y uno encuentra otros ejemplos de no creer. Pero, lo que estamos viviendo lo supera con creces.

Desde que comenzó el gobierno del presidente Gustavo Petro, prácticamente hay agarrones todos los días. ¡Y qué agarrones! Entre los ministros, contra los ministros, del presidente con un subalterno, de ese exsubalterno con el presidente, de su mano derecha de turno con otro funcionario, del exfuncionario contra esa mano derecha, en fin.

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