
El gobierno del presidente Petro ha sido pésimo. Por donde se le mire, se ven equivocaciones - unas peores que otras, pero todas nocivas para Colombia. El mandatario ha pisoteado en numerosas ocasiones la dignidad presidencial, ha irrespetado continuamente la separación de poderes, la corrupción es plato de todos los días, la violencia está en su peor nivel de las últimas dos décadas, el comportamiento de su partido deja mucho que desear, la situación fiscal es grave, el crecimiento económico es mediocre, la inversión se ha ralentizado, el incumplimiento de sus promesas electorales es casi total, las reformas han sido mal diseñadas e ineficaz ha resultado la gestión para sacarlas adelante. Por éstas y muchas otras razones, el país necesita un gran giro el año entrante, se necesita un presidente, un equipo de alto gobierno, y un congreso que reconstruyan lo destruido y que enruten a Colombia por el sendero del progreso.
La pregunta clave es entonces, ¿cómo derrotar al Pacto Histórico para que su líder - Gustavo Petro - no siga perjudicando tanto a la nación? Lo primero que hay que hacer es entender porqué a pesar todos los errores garrafales, uno de cada tres colombianos sigue apoyando al presidente. Mi explicación, con base en múltiples conversaciones y visitas a diversas regiones, es que Petro encarna el rechazo a varias cosas malas que ha vivido bastante gente: el clasismo, el racismo, el centralismo, la corrupción pública y privada del pasado, la falta de solidaridad con los más necesitados, la desigualdad, la pobreza extrema, la ausencia o debilidad del Estado en sus regiones, y la violencia de cinco décadas de conflicto. Y creen que el presidente está luchando por cambiar eso pero que los ricos, los medios de comunicación, los gremios, las élites políticas tradicionales y los corruptos no lo han dejado gobernar y lo quieren tumbar. Petro ha sido hábil en la siembra de esa narrativa; ha logrado engañar a muchos que siguen convencidos de que todo esto es cierto.
Por lo tanto, lo que hay que reforzar (porque ya se ha venido haciendo pero de manera no tan convincente) es la comprensión y el respeto de la insatisfacción con el pasado de ese tercio de los potenciales votantes, ofrecer soluciones reales a problemas que se deben reconocer, y demostrar que lo que dice el presidente está plagado de mentiras y calumnias.
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