
Conservación de suelos, energía, minerales: prioridad en tiempos de eventos climáticos extremos
La disponibilidad de suelos fértiles y en buena condición de variables físicas es fundamental para la seguridad alimentaria y los servicios ambientales, en particular para la retención de humedad superficial. Colombia, país de contrastes, tiene una región andina joven, con suelos que están fuertemente influenciados por cenizas volcánicas de alta fertilidad, y a su vez valles interandinos que han acumulado sedimentos de los valles aluviales y los piedemontes cordilleranos. La fertilidad de suelos andinos ha sido la base del maravilloso éxito de la caficultura colombiana, y de la pervivencia de los pequeños campesinos cafeteros con una estructura asociativa y de cadena productiva ejemplar como su Federación.
Los suelos de valle del Magdalena y del Cauca han sido generadores de grandes enclaves de palmicultura, ganadería, arroz y caña, entre otros muchos más.
La gran planicie caribeña cuenta con suelos derivados de las llanuras y deltas y áreas pericenagosas de los ríos Magdalena, Cauca, Sinú y Atrato, generando poderosos enclaves de agricultura intensiva bananera, palmera y ganadera.
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