
Mucho se ha especulado sobre las supuestas adicciones del presidente Gustavo Petro a drogas ilegales, y quizás por eso los sugerentes párrafos del excanciller Álvaro Leyva sobre ese punto en la carta que le dirigió al mandatario se robaron la atención de los medios y de la opinión pública en general. Pero otro punto de esa misiva, muy llamativo por aludir al presidente de un país, pasó prácticamente inadvertido.
En tres apartados de su carta de cuatro páginas, Leyva se refiere a las dificultades que tuvo pese a su condición de canciller, para acceder a Petro. “Si bien es cierto que fui un funcionario de altísimo nivel (…), debo manifestarle que nunca fue fácil aproximarlo. Eso bien lo sabe”, escribió el exministro de Relaciones Exteriores en la primera de sus alusiones a la distancia del presidente. Y sostiene que nunca pudo reunirse con Petro para trazar la política exterior.
Si bien Leyva pone el foco de esa incomunicación con el presidente en el control que la entonces secretaria privada de Petro, Laura Sarabia, supuestamente ejercía sobre los tiempos y la agenda del mandatario, también expone que esa no era una situación personal, sino que afectaba a los ministros en general.
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