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Federico Díaz Granados
Puntos de vista

Escuchar la voz de alguien

Dijo el papa Francisco a La Civiltà Cattolica en 2013: “Me gusta mucho la poesía y, cuando puedo, sigo leyéndola. La poesía está llena de metáforas. Comprender las metáforas ayuda a que el pensamiento sea ágil, intuitivo, flexible y agudo. Quien tiene imaginación no se vuelve rígido, tiene sentido del humor, disfruta siempre de la dulzura de la misericordia y de la libertad interior”. Así anunció desde el comienzo de su papado la cercanía con la literatura y la profunda convicción de que la poesía era fundamental para modificar nuestra relación con el lenguaje, con el otro y para otorgar herramientas de empatía en la comprensión de las dificultades y fragilidades del ser humano. Esto lo confirmó posteriormente en dos cartas ampliamente difundidas como en la Carta a los poetas, incluida en el volumen Versos a Dios. Antología de la poesía religiosa (Crocetti editore, 2024), compilado por Davide Brullo, A. Spadaro y Nicola Crocetti y en la Carta sobre el papel de la literatura en la formación.

En la primera nos recuerda: “Queridos poetas, sé que están hambrientos de sentido, y por eso reflexionan también sobre cómo la fe interpela la vida. Este “sentido” no se puede reducir a un concepto, no. Es un significado total que adquiere poesía, símbolo, sentimientos. El verdadero significado no es el del diccionario: ese es el significado de la palabra, y la palabra es instrumento de todo lo que hay en nuestro interior. He amado a muchos poetas y escritores en mi vida, entre los que recuerdo especialmente a Dante, Dostoievski y otros (…) Las palabras de los escritores me ayudaron a comprenderme a mí mismo, al mundo, a mi gente; pero también para profundizar en el corazón humano, en mi vida personal de fe, e incluso en mi tarea pastoral, incluso ahora en este ministerio. Por eso, la palabra literaria es como una espina en el corazón que mueve a la contemplación y pone en camino. La poesía es abierta, te lanza a otro lugar”. En la segunda nos señala que hay que reivindicar la importancia de la literatura en la formación espiritual, intelectual y humana no solo de los futuros sacerdotes sino de todos los seres humanos. Señala que la lectura de novelas y poesía no es un lujo sino un vía esencial para adentrarse en el misterio del ser humano, comprender la riqueza de la experiencia y mantener despierta la sensibilidad. De igual forma el Papa lamenta en dicha carta que hoy la formación eclesiástica haya relegado la literatura a un plano secundario y accesorio perdiendo así un acceso privilegiado al corazón de las culturas y las personas. Retoma el espíritu de san Pablo quien al citar a los poetas paganos reconoce en la literatura un camino hacía el diálogo profundo entre la fe y la cultura.

Consciente de que la primera habilidad del poeta es la de saber mirar y que a partir de la mirada nace el asombro poético, el papa Francisco afirmó: “Somo ojos que miran y sueñan. No sóoo miran, sino que también sueñan. Una persona que ha perdido la capacidad de soñar carece de poesía y la vida sin poesía no funciona. El artista es el hombre que mira con los ojos y al mismo tiempo sueña, ve más profundamente, profetiza, anuncia una forma diferente de ver y comprender las cosas que tenemos ante nuestros ojos. De hecho, la poesía no habla de la realidad a partir de principios abstractos, sino escuchando la realidad misma: el trabajo, el amor, la muerte y todas las pequeñas grandes cosas que llenan la vida. El suyo es, para citar a Paul Claudel, “un ojo que escucha”. O como afirmó otro poeta admirado y citado por el papa Francisco, Paul Celán: “Quien realmente aprende a ver se acerca a lo invisible”.

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