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Álvaro García Jiménez
Puntos de vista

Carta a jóvenes periodistas

Queridos colegas:

La historia de Colombia es una brújula que no podemos ignorar. Mientras ustedes, jóvenes periodistas, navegan por un océano mediático en el que la verdad a menudo se encuentra atrapada entre el ruido, la confusión, la mentira patrocinada y hasta la vulgaridad, deben recordar que hubo una época en la que este país estuvo muy cerca de su extinción como democracia. Un momento en el que la violencia no solo fue un horror cotidiano, sino una amenaza existencial a lo que habíamos construido como nación.

Hablemos de lo que era, por ejemplo, hacer periodismo. El 11 de abril de 2002, las Farc asaltaron la Asamblea del Valle del Cauca. Se llevaron a las montañas a doce diputados, once de los cuales serían asesinados con ráfagas de fusil en sus espaldas –mientras se lavaban los dientes– después de cinco largos años de secuestro y martirio. Antes de huir, en los pasillos de ese edificio los guerrilleros degollaron como a un animal al subintendente de la Policía Carlos Alberto Cendales. Y minutos después, en el cruce de disparos que se dio en la persecución por los Farallones de Cali, murieron el camarógrafo Héctor Sandoval y el conductor Walter López, quienes hacían parte del equipo de Noticias RCN que yo dirigía y que estaban trabajando en el desarrollo de la noticia. El recuerdo de su vida y de su muerte es una de las cicatrices más profundas que me ha dejado el periodismo.

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