
De terrazas inconclusas a fachadas maquilladas: dos modelos frente al déficit de vivienda
Bogotá pasó en pocos años de prometer ampliaciones y refuerzos estructurales en casas populares a priorizar la pintura de fachadas y la expedición de actos de reconocimiento de edificaciones. El contraste es claro: el Plan Terrazas de la pasada administración apostó por levantar segundos pisos y hacer obras complejas dentro de las viviendas; el programa de la administración actual centra sus metas en intervenir 22.000 m² de fachadas, expedir 2.000 actos de reconocimiento y conectar a servicios públicos 814 viviendas de estratos 1 y 2 en barrios legalizados. La primera ruta fracasó por arriba; la segunda corre el riesgo de quedarse corta por abajo.
El saldo del Plan Terrazas es contundente: la ejecución quedó muy por debajo de la meta, con fallas de planeación, contratistas incumplidos, obras abandonadas y familias afectadas. El caso escaló a control político en el Concejo de Bogotá el 22 y 23 de abril de 2025, y la administración actual interpuso demandas por incumplimiento contra contratistas el 18 de octubre de 2024.
Con ese antecedente a cuestas, el Gobierno del alcalde Carlos Fernando Galán ajustó la mira. La Caja de la Vivienda Popular no está ofreciendo techos nuevos ni segundas plantas a gran escala: formaliza edificaciones mediante actos de reconocimiento —un trámite jurídico para legalizar lo construido— y embellece fachadas para mejorar la imagen barrial. Son metas medibles, de ejecución más rápida y con menos riesgo técnico que el experimento anterior. La pregunta es si pintar y legalizar alcanza para mover la aguja de la habitabilidad real.
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