
Es lamentable, pero es así: Petro ha entronizado el insulto como estilo de gobierno.
Ya ni se da cuenta: en la interminable alocución de más de dos horas por TV con la que celebró sus logros al cerrar los tres años de gobierno, fue impresionante constatar que al margen de cada uno de los cuadros que presentó ( y que me atrevo a decir que muy poca gente debió entender) todo lo aliñó con su acostumbrado repertorio de insultos urbe et orbi: contra los medios, contra la judicatura, contra los gremios, contra los periodistas, contra todo aquel que se ha atrevido disentir de la verdad revelada que él predica por televisión.
Claro, sin antes decir que lo están censurando los dueños de los medios de comunicación que no lo dejan gobernar, a él, que tiene tan brillantes ideas pero que la oligarquía se ha confabulado para no dejárselas llevar a la práctica.
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