
Quienes decidieron matar a Miguel Uribe Turbay y pagaron para que le dispararan en Bogotá tienen todo para pensar, al menos hasta hoy, que cometieron un crimen perfecto.
Desde su solapada trinchera estarán disfrutando de la capacidad especulativa de algunos políticos sobre los presuntos determinadores del magnicidio con el que lograron estremecer a Colombia entera. Y se estarán deleitando aún más con los señalamientos y el intercambio de descalificaciones que han provocado entre varios políticos, encabezados por Álvaro Uribe y Gustavo Petro.
Hasta ahora, los asesinos del precandidato presidencial Miguel Uribe han logrado lo que cualquier criminal busca: confundir. Además, si uno de sus propósitos era exacerbar la polarización del país, definitivamente lo consiguieron.
Casi todos los grupos armados y criminales colombianos han sido mencionados como presuntos autores intelectuales del asesinato: las disidencias de ‘Iván Mordisco’, una supuesta ‘junta del narcotráfico’ con base en Dubái, el Clan del Golfo, la Segunda Marquetalia –fundada por el exjefe de las Farc, Iván Márquez¬– y el ELN.
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