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Yohir Akerman
Puntos de vista

Obligando a los aplausos

Pagar por ir a glorificar al jefe. Esa parece la política en la universidad que se dice abierta, pero que presuntamente se comporta como un aparato de poder cerrado. Varios elementos lo demuestran. Entre ellos se destaca un evento en Cartagena, en agosto del año pasado, cuando se celebró la III Convención Iberoamericana de Rectores que, pese al rimbombante nombre, debería avergonzar a cualquier institución educativa.

Se trató de una reunión con costos de inscripción que rondaban el millón de pesos, organizada por la Universidad Nacional Abierta y a Distancia (UNAD). Una universidad pública. Un rector en funciones. Y, sin embargo, un evento financiado por contratistas y profesores de la entidad, presionados, según una denuncia, a pagar por su propia asistencia para poder ir a aplaudir a su dirigente, con el fin de ser renovado su contrato.

Según consta en una queja presentada ante el Ministerio de Educación, formulada por un grupo de maestros, los líderes regionales de la UNAD impusieron cuotas mínimas de asistentes, exigiendo a los equipos inscribirse, pagar y viajar. Todo con sus propios recursos, bajo amenaza velada de represalias contractuales.

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