
0% de ejecución y 5,2 billones guardados: la baja ejecución del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación
Durante décadas, el desarrollo de la ciencia en Colombia estuvo bajo el amparo de Colciencias, creada en 1968. En 2019, y por mejor hacer, el país le subió la apuesta y creó el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación para que la ciencia tuviera voz en el gabinete, moviera recursos a tiempo, coordinara a universidades, empresas y regiones, y convirtiera buenas ideas en soluciones reales: laboratorios operando, aulas mejor equipadas, empresas innovando. La expectativa era simple y ambiciosa: más inversión, proyectos ejecutados a tiempo y el conocimiento puesto a trabajar para elevar la productividad, crear empleo y bajarle algunas rayas a la violencia.
Históricamente, la ciencia ha sido una de las cenicientas del Estado: Colombia destinó 0,21 por ciento del PIB a investigación y desarrollo en 2022, frente a un 2,7 por ciento en promedio en la OCDE. Y hoy el problema es peor: recursos hay, pero no se ejecutan.
Al frente de la cartera está Yesenia Olaya Requene, socióloga y doctora en Antropología nacida en Tumaco; viene de la academia y pasó por el viceministerio antes de asumir el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación. Con ese perfil se esperaría pulso y resultados, pero las cifras de ejecución son bochornosas: 0 por ciento en el bienio 2023-2024 y 5,2 billones de pesos del 2025-2026 aún sin ejecutar.
La parálisis contrasta con el aumento de recursos: en 2023-2024, el fondo de regalías para ciencia, tecnología e innovación llegó a 2,9 billones de pesos —el doble del bienio anterior—, pero a abril de 2024 solo se había pagado o desembolsado 5,8 por ciento; el 94 por ciento seguía quieto a las puertas del cierre del periodo. ¿Qué explica este frenazo?
Primero, retrasos y suspensiones en convocatorias clave. La Convocatoria 33 (Programa Ondas, para niñez y juventud) se abrió el 2 de agosto de 2023 y, un año después, no había asignado recursos por aplazamientos sucesivos. Acumuló siete prórrogas; en marzo de 2025 volvió a mover el cronograma hasta mayo y no adjudicó. En septiembre de 2024, el Ministerio revocó esa convocatoria por irregularidades en la evaluación (Resolución 1782 de 2024). Tras el relanzamiento, los tropiezos siguieron: a julio de 2025 no se había ejecutado y pesaban denuncias por favorecimientos indebidos. La Convocatoria 37, para macroproyectos nacionales, también se dilató: al menos dos adendas en 2025, evaluaciones alargadas y un banco preliminar de elegibles que debió salir hacia septiembre, pero se corrió. Resultado: incertidumbre sobre cuándo aprobar y contratar.
Otra causa es el constante cambio del delegado de MinCiencias ante el OCAD. Este órgano define qué proyectos de regalías se aprueban y el Ministerio actúa como secretaría técnica: convoca, arma bancos de elegibles y lleva los proyectos a decisión. Si el delegado cambia cada rato —más de diez veces, según testimonios— se pierde continuidad, se reentrena equipo y se reabren criterios. Resultado: evaluaciones que no avanzan, bancos que no salen y contratos que no se firman. La burocracia ya era pesada; con ese carrusel de reemplazos, la parálisis se volvió norma.
Y otro aspecto es la sospecha de corrupción. El 9 de julio de 2025, el propio Ministerio llevó a la Fiscalía una denuncia por irregularidades en la Convocatoria 33 (Programa Ondas): indicios de favorecimientos, posible participación de un funcionario y un contratista del OCAD, y presuntos delitos como cohecho y uso de información privilegiada. Esa convocatoria ya había sido revocada en 2024 por fallas en la evaluación, tras una tutela de INFOTEP San Andrés y una denuncia anónima que alertaron violaciones al debido proceso. En vez de corregir y acelerar, la respuesta fue pisar el freno: cronogramas reabiertos, bancos de elegibles que no salen y recursos sin contratar. Resultado: investigadores, colegios y regiones esperando.
En resumen, procesos engorrosos, convocatorias trabadas, cambios de personal clave y una prudencia convertida en parálisis explican que el Ministerio exhiba una ejecución lamentable pese a tener caja. Mientras regiones y universidades piden pista para innovar, la plata duerme. Y todo esto sucede en el gobierno de un presidente que repite que la ciencia, la tecnología y hasta la matemática cuántica son prioridad. Sobre el papel, prometió “sociedad del conocimiento” y subir la inversión del 0,26 al 0,5 por ciento del PIB; en la práctica, el presupuesto de la cartera cayó y las regalías para ciencia quedaron en pausa. Hubo control político, cartas de académicos y advertencias del sector, pero los proyectos no caminan. Entre el dicho y el hecho hay más discursos que realidades: discursos arriba, ejecución abajo, muy abajo.
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