
Una profunda esperanza me suscita la actuación de la defensora del Pueblo, Iris Marín, y su equipo. Defensora del Pueblo y de la Naturaleza, como reza su nuevo lema. Cambia la forma y la profundidad, en un marco conceptual donde los derechos de la naturaleza se ponen en un mismo plano con la humanidad, denotando ese viraje del antropocentrismo con el que nació la institución hacia una posición donde se rescata el derecho de la naturaleza y de la población a su disfrute pleno. Sabe que, sin una condición ambiental sólida, no habrá proyecto nacional de equidad, sostenibilidad ni paz. Este cabio estructural lo reseñó con detalle la decana de la facultad de Derecho del Externado, en medio de un auditorio lleno de expectativa.
La conmemoración del Día de los Derechos Humanos en Colombia coincidió con el primer año de la defensora en su cargo, propiciando un evento de la más alta importancia, donde se escucharon diferentes voces desde instancias internacionales, expertos juristas de varias naciones, funcionarios gubernamentales y sociedad civil pudieron exponer varios asuntos del contexto internacional, los retos que existen y las propuestas para abordarlos con esperanza. El representante en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, puso sobre la mesa la crisis del multilateralismo, y los nuevos paradigmas de las fuerzas disruptivas del equilibrio mundial. Las tendencias a despreciar la normatividad, la separación de poderes, las instituciones públicas, el control y manipulación de la información y redes sociales con fines políticos, el negacionismo climático, el uso de la fuerza desproporcionada e indiscriminada en conflictos entre naciones y contra pueblos, así como el feroz ataque contra la diversidad y la equidad: un coctel poderoso que se expande por todo el mundo y pone a prueba todo lo aprendido durante décadas en función de proteger los derechos de la gente y del planeta.
Algunos de los expertos internacionales destacaron el contexto especifico de la desregulación ambiental, la reducción de la institucionalidad de sus competencias, presupuestos y marco normativo. Y al llegar el momento de la conversación sobre la paz y los escenarios territoriales, se escucharon desgarradores testimonios de lo que viene sucediendo en cada feudo de las dictaduras locales, y la impotencia del Estado para impedir la pérdida de derechos básicos, como lo señalaba una líder social: “el derecho a dormir tranquilo en casa, a bañarse, a hablar en público, a tener hijos y peor aún, esperanza”. El comisionado de Paz recordó cómo en cada mesa se ha intentado incluir agendas de protección a las poblaciones como un eje transversal de discusión, de lo cual soy testigo, así como también soy testigo de la frustración de ver esos territorios con mayores problemas de los que había al empezar. El rol de las mujeres en la construcción de acuerdos territoriales para la paz pareciera ser una oportunidad inmensa, dada la relevancia de este enfoque en la gestión y talante de la defensora, que da línea a muchos funcionarios públicos, independiente de su investidura, en frecuentes intervenciones públicas desatinadas.
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