
Surgido en los años ochenta como resultado de la mezcla entre el reggae, el dancehall jamaicano y el hip hop, en pocas décadas el reguetón se convirtió en un fenómeno cultural global. Lo que nació en comunidades populares en el Caribe hoy ocupa el centro de la industria musical mundial. No es una percepción subjetiva: los datos de consumo lo confirman.
Aunque no existe una cifra consolidada de personas que escuchen reguetón en todo el planeta, sí se cuenta con indicadores contundentes. Según datos de Spotify, alrededor de 328 millones de usuarios escucharon al menos una canción de reguetón en un mes determinado, lo que proyectado al año supera los 3.900 millones de interacciones acumuladas. Además, más de 350 millones de listas de canciones generadas por usuarios en todo el mundo incluyen al menos una canción de reguetón. Aunque estas cifras no reflejan el detalle en número de personas —y no incluyen emisoras de radio tradicionales, otras plataformas como YouTube o Apple Music, etc.— sí revelan una magnitud difícil de ignorar. Informes de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica confirman que la música urbana latina ha sido uno de los segmentos de mayor crecimiento global en la última década. Y artistas como Bad Bunny acumulan cifras extraordinarias de reproducción mundial, como hemos podido evidenciar en las últimas semanas.
Pero más allá de la dimensión del fenómeno, la pregunta es: ¿por qué es tan popular el reguetón? Decir que el reguetón “es simple” es una valoración estética. Desde disciplinas como la neurociencia, la psicología cognitiva y la economía de la atención, la respuesta es más profunda. El género se apoya en el patrón rítmico del ‘dembow’ (género de Republica Dominicana), altamente repetitivo y con una complejidad que activa el sistema motor del cerebro. Algunas Investigaciones muestran que ritmos con ese equilibrio entre previsibilidad y la acentuación del tiempo débil (síncopa) generan mayor deseo de movimiento y activación de producción de dopamina. En otras palabras, producen placer y adicción.
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