Ir al contenido principal
David García

La generación del silencio

Esta semana, el profesor Julián de Zubiría publicó un texto que llama a una urgente reflexión: “La salud mental de los jóvenes del mundo se encuentra en cuidados intensivos”. Su análisis, además de preocupante, es muy pertinente. A raíz de una situación en mi familia —que me ha impactado enormemente— he venido leyendo sobre este problema con mayor detenimiento y he encontrado diversos argumentos que suscitan enorme inquietud.

Algunas cifras permiten comprender la magnitud del fenómeno. Según UNICEF (2025), en España el 92,5 por ciento de los adolescentes utiliza redes sociales. De estos, el 59 por coiento pasa cuatro horas diarias frente a las pantallas. En Estados Unidos, de acuerdo a un informe del director general de Sanidad de Estados Unidos (2023), el 95 por ciento de los jóvenes entre 13 y 17 años utiliza una red social y dedica más de tres horas al día. ¿Cuáles son las consecuencias de esa situación que se reproduce en muchos países del mundo? Un estudio global de Sapiens con 28.000 jóvenes llegó a la conclusión de que el acceso temprano a los teléfonos inteligentes se asocia a mayores dificultades emocionales. Y a nivel global, la Organización Mundial de la Salud estima que uno de cada siete adolescentes padece algún trastorno mental (OMS, 2022). Jama Network (plataforma de referencia para los últimos avances en la aplicación de la Inteligencia Artificial en la medicina) ha hecho experimentos (2025) que muestran que una pausa de una semana en redes reduce significativamente síntomas de depresión, ansiedad e insomnio.

El profesor De Zubiría señala tres factores estructurales para el deterioro de la salud mental de los jóvenes en Colombia: el acceso temprano a dispositivos digitales, la sobreprotección en el mundo físico y la desprotección en el entorno virtual. Su llamado es contundente: se requiere, entre otras cosas, de una movilización conjunta entre familias, Estado, escuelas y jóvenes para restringir el uso de pantallas en la infancia, fortalecer vínculos afectivos y cuestionar el modelo de consumo que atraviesa estas dinámicas.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales