
Antier fui al médico. Me senté en la sala de espera realmente enfermo, me dolía todo, hormigueos en el pie izquierdo, somnolencia permanente, incomodidad en el costado derecho del abdomen, dolor de cabeza, mal dormir, pérdida de apetito, en fin, un panorama poco halagador.
Van 102 días de este año y ya he ido a ese edificio cinco veces, en promedio una cada tres semanas. Terrible.
El viernes pasado, a las seis y veinte minutos de la noche, en punto, la muy amable doctora me hizo seguir a su consultorio. Es una mujer joven (definición de joven: cualquier persona menor que uno), delgada (definición de delgada: aplicar la misma de joven) y con una suave dulzura que —poco a poco— se le va notando a medida que avanza la consulta (definición de dulce: cualquiera menos amargado que uno).
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