
En estos años como columnista de la revista CAMBIO he escrito muchos textos sobre Ecopetrol y sobre sus filiales. A pesar del riesgo que implica volverse monotemático y de la posibilidad fatal de escribir una y otra vez la misma columna, estoy convencido de que el control periodístico sobre la petrolera de los colombianos ha contribuido, en gran medida, a que su destrucción no fuera absoluta, a que no siguiera los pasos suicidas de PDVSA, la estatal venezolana que se convirtió, primero, en el lugar de venganza de la lucha de clases de Chávez, que expulsó a los técnicos y expertos en hidrocarburos, y después en la caja menor del régimen. El trabajo de colegas como Martha Soto en la incisiva Unidad Investigativa de El Tiempo, de Daniel Coronell en su Reporte en Caracol Radio, de La Silla Vacía con Jineth Prieto, ha sido clave para mitigar los daños que el petrismo, primero por su ceguera ideológica y luego por los efectos perversos de Roa y su camarilla, le hizo a Ecopetrol.
Pero hace 48 horas terminó ese Gobierno y comenzó el de Abelardo de la Espriella. De manera que esta columna versará sobre las últimas jugadas de Ricardo Roa para tratar de seguir influyendo, soterradamente, en las decisiones de la petrolera. No es infrecuente que trabajadores de Ecopetrol, que tienen una trayectoria basada en el mérito y en su experiencia, sigan en la compañía cuando cambian los gobiernos. De hecho, en la parte técnica, esto sería lo deseable. Dicho esto, mencionaré algunas maniobras que, en las últimas semanas y a pesar de no estar frente a la presidencia de Ecopetrol por una licencia que terminó siendo definitiva gracias a la junta directiva, ha ejecutado Roa. El área de staff de la presidencia de Ecopetrol está conformada por siete profesionales que reportaban directamente a Roa. Todos ellos cuentan con tres o menos años de antigüedad.
Pues bien, al menos tres ya han sido trasladados a otras áreas de la empresa: María Andrea Vargas, la hija de uno de los financiadores de la campaña de Gustavo Petro, Santiago Vargas, fue reubicada en la Vicepresidencia Comercial y de Mercadeo. Sobre los Vargas recomiendo este texto de 2024 de La Silla Vacía que contaba que Santiago Vargas, principal donante de la Colombia Humana, tenía vínculos familiares directos con Ecopetrol: una de sus hijas, María Andrea, fue contratada como asistente de Roa. Otra hija, Tatiana, creó en Estados Unidos una empresa de energía junto a Julián Caicedo, pareja de Roa. El segundo es Ralph Castillo, que era el secretario privado de Roa, y que recientemente fue asignado a la Gerencia de Relacionamiento Institucional. El tercero es Jacobo Toledo, otro chief of Staff de Roa, que fue trasladado a la Vicepresidencia de Innovación y Tecnología.
¿Se trata esto, acaso, de una suerte de camuflaje de estas personas, llevadas a Ecopetrol por Roa y su vicepresidenta de Talento, Victoria Sepúlveda, para garantizar su permanencia en la compañía?
Sé de buena fuente que la nueva administración también tiene el ojo puesto en el área de Comunicaciones. Allí hay algunos nombres que llegaron de la mano de la administración de Petro, como Ángela de la Pava, recién trasladada a la filial Hocol, y muy cercana al exministro de salud Guillermo Alfonso Jaramillo. Otro nombre es el de Betsy Andrade, ficha directa del expresidente Petro y que, tratando de asegurar su cargo en el área de Comunicaciones, entró al sindicato más grande de Ecopetrol: la USO. No tiene cargo directivo, aunque ella asegura que no la pueden sacar por ser minoría étnica y por otro asunto que me abstengo de mencionar. El nuevo Gobierno también tiene interés en dos contratos en comunicaciones: uno es el de Ramón Jimeno para asesorar a la junta directiva (y que fue llevado a la junta por una integrante que se fue hace varios meses) y otro con el portal Nación Colombia, que a través del consultor Yebrail Plazas publicaba noticias de interés para algunos sectores de la antigua administración de Ecopetrol.
El Gobierno de De la Espriella, que prometió en su discurso de posesión recuperar la petrolera, tendrá entonces una primera misión: evaluar cuáles son los perfiles que la compañía necesita, y tomar decisiones sobre ellos. Que prime, sobre todo, el interés general de Ecopetrol. Y que las acciones de Roa, y de quienes lo rodearon, se evalúen con la seriedad suficiente para que nada de lo decidido pueda interpretarse como revanchismo, sino como justas consecuencias de actuaciones sospechosas. Por ahora, la decisión de incorporar a la junta directiva a Jorge Mario Velásquez es un gran acierto, así como apoyar la continuidad de Juan Carlos Hurtado en la presidencia.
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