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Jorge Espinosa
Puntos de vista

El presidente que gobernó entre conspiraciones

Gustavo Petro fue el presidente de las conspiraciones. Lo entendieron sus colaboradores más cercanos desde la primera semana de la presidencia, muchos de los cuales ya no están más en el gobierno. Uno de ellos, en una charla informal sobre algunas conductas de Petro, me dijo: “muchos de los ex M19 que rodean al presidente entienden que una manera de permanecer cerca, de ejercer influencia sobre él, consiste en llevarle historias de persecuciones y conspiraciones en su contra y en contra de su proyecto político”. No sabría decir qué fue primero, pero esto puede explicar por qué los organismos de inteligencia del Estado, en los cuatro años del gobierno, terminaron cooptados por ex compañeros del M-19 del presidente. Fue su director Jorge Lemus, un exguerrillero, que reconoció cándidamente en una entrevista con Julio Sánchez Cristo y Daniel Coronell que su experiencia para dirigir la agencia de inteligencia del país “solamente la tengo del viejo M-19 (…) y fui muy importante en esa estructura y por eso me vieron los méritos”.

No contento con eso, Lemus luego fue también director de la Unidad de Análisis Financiero, la UIAF, y después de varios cuestionamientos por reuniones no aclaradas con contrabandistas y bandidos terminó como asesor de la Unidad de Regulación Financiera, la URF, una entidad adscrita al ministerio de Hacienda.

No ha sido solo Lemus. También René Guarín, otro exguerrillero del M-19 que es, actualmente, el director de la DNI, y en los primeros meses de gobierno fue Manuel Alberto Casanova, otro exguerrillero, y por supuesto el prófugo Carlos Ramón González. Digo, entonces, que no sé qué fue primero: si la decisión de Petro de ponerlos al frente de los organismos de inteligencia, o las historias que le llevaban a Petro para luego sí pedir que los pusieran al frente de esas agencias. Lo que en todo caso es incuestionable, y se irá descubriendo con el paso del tiempo, es que esas historias conspiranoicas terminaron cooptando no solamente los organismos de inteligencia, sino el tiempo y el oficio diario del presidente Petro.

Sus obsesiones eran esencialmente, dos: una, que lo querían matar, generalmente a través de francotiradores.

Aunque probablemente el caso más extremo fue el de la COP16. “Quieren disparar un misil a mi avión”, dijo entonces. El autor de esta teoría llevada a la oficina presidencial fue Augusto Rodríguez, otro ex M-19 y actual director de la Unidad Nacional de Protección, la UNP, que terminó, como todo, en anuncios grandilocuentes en X, en apocalípticos discursos encendidos en plaza pública, y en una organización que incluyó cambios de aviones, chalecos antibalas y absurdas precauciones.

Y  la segunda obsesión, por supuesto, los hermanos Bautista, Thomas Greg & Sons, los algoritmos y un fraude electoral que anunció meses antes de la cita electoral. A organismos de justicia han llegado, en los últimos meses, supuestos informes de inteligencia con “pruebas” del fraude. Todos tienen un problema: alegan fraude en países con voto electrónico, no manual, como es el de Colombia. El presidente Petro, después de la segunda vuelta, aceleró estas teorías, citó a su bancada y al gabinete a Palacio y prometió mostrar unas pruebas, pero lo único que hasta ahora ha hecho es volver a contar la misma historia retorcida de unos algoritmos modificados desde California sin más evidencia que su propio dicho. El asunto es tan ridículo que el abogado Luis Guillermo Pérez, quien pide la nulidad de la elección de Abelardo de la Espriella, presentó un documento que alega un montón de cosas, menos el tan mentado fraude del que Petro sigue hablando.

No todo esto ha quedado en este recuento de anécdotas tragicómicas. También ha acabado la honra y la vida de la gente. Hay generales y coroneles de policía y fuerzas militares, como Edwin Urrego y el coronel Óscar Moreno, que han caído como víctimas en estas redes de conspiraciones que se tejen alrededor de Petro. El famoso “informe” de inteligencia que justificó la absurda teoría del presidente de que un oficial de la Policía quería plantarle cocaína durante su viaje a Washington no era otra cosa, como publicamos en Caracol Radio, que un documento mal escrito con el título risible e infantil ‘Posible supuesta conspiración’ contra el presidente Petro. Con base en esta teoría de conspiración, de la que nadie se hace responsable, acabaron la carrera y la honra de Urrego y de Moreno. Y así, para purgar a la fuerza pública de quienes eran incómodos a los intereses del Gobierno, terminaron usando los organismos de inteligencia.

Petro perdió cuatro años metido en un “rabbit hole” cada vez más profundo y demencial. Habrá que aprender, ahora que salga de Palacio, a ignorar sus locuras.

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