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Álvaro García Jiménez
Puntos de vista

Después de RTVC, ¿qué?

En las últimas horas, el ministerio TIC publicó un comunicado titulado ‘Se acaba el aparato de propaganda en el Sistema de Medios Públicos de Colombia’, anunciando una lista de determinaciones que incluye el desmonte de la “infraestructura informativa heredada”, la revisión inmediata de contenidos y formatos así como de contratos y convenios, y advirtiendo de paso que la administración saliente suscribió 1.051 contratos por más de 100.000 millones de pesos, y que solamente entre el 6 y el 7 de agosto se firmaron 87 contratos por 4.000 millones, aproximadamente.

De inmediato recordé la conversación con el presidente Iván Duque en enero de 2020 en la que me propuso hacerme cargo de RTVC. Su idea era construir para Colombia una infraestructura fuerte, independiente, de alta calidad y alineada con el espíritu de lo público. Duque era un conocedor profundo de los medios públicos del mundo y un apasionado por los nuevos formatos y la innovación asociada con las tecnologías de vanguardia en producción y distribución. Y lo más importante, también entendía que el gran capital de un medio de comunicación —especialmente tratándose de medios del Estado— es su independencia y su credibilidad.

Pocas semanas después llega la pandemia y la necesidad de activar un sistema de información pública que pudiera complementar la agenda de noticias desde el servicio y con criterio nacional. Así nace RTVC Noticias. Coincidí con la visión del presidente en el sentido de que era necesario un sistema de noticias, no un noticiero del primer mandatario y de su Gobierno. Recuerdo muy bien que algunos colegas, a quienes admiro y respeto, me advirtieron en público y en privado que no estaban de acuerdo y que podríamos estar abriendo las puertas para que el Gobierno tuviera su propio aparato de propaganda.

Quienes desconfiaban entonces tenían razón en una cosa y estaban equivocados en otra. Tenían razón en desconfiar de que un medio público que depende institucionalmente del Ejecutivo pudiera ser utilizado políticamente. Se equivocaban al asumir que ocurriría en ese momento.

Y seis años después tengo una certeza: la buena voluntad de un presidente y la independiencia profesional de un gerente y su equipo no constituyen un modelo institucional a prueba de intentos de asalto por parte de la política.

De 2020 a 2022, RTVC fue el motor de la reactivación de la industria audiovisual del país en plena pandemia: se presentaron 81 proyectos al Mercado de Coproducción, con una inversión de 3.500 millones de pesos para productores nacionales. De este mercado había nacido, por ejemplo, el inolvidable frailejón Ernesto Pérez. Se lanzó el proyecto ‘Con la lavadora al fondo’, para apoyar a los realizadores que no podían salir de su casa en pandemia, y que produjeron más de 900 contenidos sonoros y de video que circularon con éxito en diferentes plataformas y que les llevaron un alivio en medio de esa situación. Con proyectos ideados y lanzados en este periodo, RTVC obtuvo cuatro premios Simón Bolívar de periodismo, un premio CPB y decenas de nominaciones a premios nacionales e internacionales, además del premio India Catalina a Emma Reyes —coproducida con Quito Color— como Mejor Serie o Telenovela. Esa misma noche, en marzo de 2022, en Cartagena, el Sistema de Medios Públicos recibió 11 premios más. Las audiencias crecieron de manera ostensible y se cumplió cabalmente con el compromiso de las emisoras de paz, adquirido en los acuerdos de 2016. Un dato muy importante: Great Place to Work certificó a RTVC como sobresaliente en su ambiente laboral durante la medición de 2021. Y al final, la prueba de que que ese era un espacio plural, seguro y equilibrado, es que los candidatos más opcionados a la Presidencia para 2022 —Petro, ‘Fico’ y Rodolfo— visitaron a RTVC y fueron entrevistados en igualdad de condiciones antes de elecciones. Respondieron preguntas y expusieron con toda libertad sus propuestas de gobierno. Y todo funcionó correctamente. Como debía pasar en un sistema púbico de medios.

Durante el Gobierno Petro hubo una apuesta visible por la diversidad, la regionalización, los deportes y la memoria. Eso estuvo bien. Pero el cambio estructural que condujo a la preocupante situación actual es que desdibujó la frontera entre medio público, medio gubernamental y plataforma política, y desbalanceó la vocación fundacional asociada con la educación y la cultura. Y el problema real en últimas no está en la figura de Hollman Morris o Gustavo Petro. Es que se descubrió que se podía afectar al sistema de esta manera sin que nadie pudiera hacer nada.

Creo que la decisión del Gobierno de Abelardo con respecto a RTVC es consecuente y necesaria. Es el resorte que salta después de haber sido presionado con toda la fuerza. Pero es importante dejar en claro que el problema central no es que el Sistema de Medios Públicos tenga noticias, sino que no hay suficientes garantías para impedir que un gobierno pueda convertirlo en una plataforma de propaganda.

Eliminar la información de RTVC porque un gobierno abusó de ella, sería como desarmar a las Fuerzas Militares porque un policía haya hecho un uso inapropiado de su arma. El problema no es el instrumento. La clave está en los controles, las reglas y las instituciones que impiden su utilización indebida.

Cuando salí de RTVC tuve la certeza de que habíamos ayudado a construir un sistema público de información, cultura y educación sólido, plural e independiente. Con el equipo de RTVC demostramos que era posible lanzar producciones relevantes e innovadoras alineadas con el sentido de lo público y, de paso, administrar de manera responsable. Hoy creo que fue así, pero resultó insuficiente. Lo que la larga historia del Sistema de Medios Públicos no ha podido lograr —porque probablemente el país todavía no había entendido que lo necesitaba— es un blindaje capaz de proteger ese Sistema Público de Medios de quienes creen que esa entidad no es de todos, sino de algunos. En esa línea debería enfocarse el nuevo Gobierno.

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