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Jaime Honorio González
Puntos de vista

El ministro camarón

Me sigue pareciendo una completa exageración pedir la renuncia del ministro de Vivienda por haberse ido de playa el domingo pasado, apenas seis días después del terrible terremoto que, a la fecha, deja 321 muertos, 257 desaparecidos, 4.595 heridos, 146.188 familias afectadas. Sí, mientras muchos se aferraban a una mínima esperanza de encontrar a alguien bajo los escombros y los que quedaron vivos apenas contemplaban sus ruinas en varias zonas de cinco departamentos, él se asoleaba en una playa en Santa Marta. Y en demasía, que no es lo mismo. Ya quisiera uno de cachaco lograr ese bronceado tipo camarón en apenas unas pocas horas que, orgulloso, lució al otro día en un desastroso video de disculpas que publicó. En fin.

La buena noticia, para el ministro (mi tocayo, Jaime Beltrán) es que de lo sucedido ya casi no hay rastro en las páginas informativas del país y en las redes sociales las etiquetas son otras: los incendios, las revelaciones matrimoniales de Pipe Bueno, las decisiones de la ministra de Educación, en fin. Otros temas.

Con tanto que pasa en este país, la hoguera suele ser muy fuerte. Y muy corta.

Por supuesto que fue un garrafal error irse de playa mientras su jefe prometía trabajar sin descanso en la respuesta gubernamental, o sus colegas recorrían las zonas devastadas, o los rescatistas le robaban vidas a la muerte, o los colombianos corrían a donar hasta lo que no tenían. Por supuesto que fue un tremendo error. Pero la solución no puede ser que renuncie. O que lo echen, que es lo mismo. No. No ahora. Este viernes, la Unidad para la Gestión del Riesgo de Desastres presentó un balance con cifras tan contundentes como miedosas. Citaré algunas que atañen al ministro en cuestión: 31.445 viviendas destruidas, 163.884 viviendas averiadas y 467 edificios colapsados. Ahí tiene, ministro, pa´ que afine (decía un amigo).

Pero, en cambio, me parece que lo que este hecho desnudó fue un problema —ese sí— preocupante en el Gobierno nacional que, hay que recordar, lleva apenas 15 días: tiene una falla grande en materia de comunicaciones y si no la detiene, se le volverá crónica.

Un improvisado video en el que adoptó tono de pastor dando un sermón a sus fieles, un desacertado plano americano (de la rodilla para arriba), musicalizado como si estuviera haciendo coaching barato y no ofreciendo disculpas, luciendo camisa blanca contra una pared blanca, 131 segundos diciendo que lo que todo el mundo afirmaba era mentira y —además— injusto, y que lo único cierto era todo lo que él había trabajado, hablando de preservar la familia en ese momento en que había tantas destruidas (146.188 familias afectadas, según la UNGRD), justificando lo injustificable, hablando de sacrificio de forma soberbia sin una gota de humildad, sacando pecho por las ayudas que —junto con su esposa— había entregado. Todo mal. Y de colofón, el remate retador: “seguiré siendo ministro, pero seguiré siendo padre, esposo”. Dos minutos y once segundos de bonitas palabras y ni una sola disculpa. Ni una sola. Como dijo el político: eso salió mal.

El clip está en su cuenta de tuiter: 7.700 respuestas, muchas de ellas llamándolo a la sensatez.

Lo del ministro habría resultado de menor impacto y se hubiese solucionado de mejor forma si algún asesor se hubiese encargado de manejar esa crisis de forma profesional.

Porque eso fue lo que faltó: haber dicho algo como “colombianos, perdón, me equivoqué, me equivoqué de cabo a rabo, en qué momento se me ocurrió irme a la playa cuando debía estar en la zona del desastre, perdón colombianos, en especial, perdón a quienes perdieron seres queridos, a quienes quedaron sin casa, a quienes todo lo perdieron. Voy a recuperar cada segundo de los que perdí el domingo y —más pronto que tarde— ustedes verán resultados. Presidente, le ofrezco mis sinceras disculpas. No lo defraudaré”. Algo así. Y los colombianos lo habríamos entendido. Todos nos equivocamos, el grave problema está en no reconocerlo. A tiempo.

Y me quedé esperando también un oportuno jalón de orejas del presidente. No ha tenido pelos en la lengua, ha llamado al orden a otros ministros para que sigan sus instrucciones, lo consecuente habría sido un regaño público al ministro. Hubiese sido un gran mensaje para el resto del equipo. Y para el país, también: no hay preferencias, no hay protegidos, sólo resultados. Es lo que nos han prometido. Y es lo que seguimos esperando.

Me iré a la playa. A broncearme como camarón.

@JaimeHonorio

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