
Los costos de la reconstrucción de los estragos causados por el terremoto del 10 de agosto son inmensos, pero no inabordables.
La política fiscal del país —a pesar del estado cataléptico en que la recibió el Gobierno de ADLE— puede perfectamente asumir la enorme tarea de la reconstrucción, sin desquiciar ni el marco general de la economía ni el saneamiento de las finanzas públicas que tan deterioradas se encuentran.
Veamos de una manera sencilla, recurriendo a una aritmética elemental, cómo compaginar la tarea de la reconstrucción de la zona afectada por el terremoto con el saneamiento de la hacienda pública.
Para ello tengamos en cuenta algunos supuestos que demuestran que, aunque el desafío es inmenso, resultan perfectamente manejables. Son ordenes de magnitud los que menciono, pero sirven para visualizar lo que representan los costos de la reconstrucción.
- Asumamos que los costos preliminares de la reconstrucción son los 30 billones de pesos que mencionó el presidente en su alocución por TV. Pueden ser superiores, pero esto no lo sabremos hasta tanto no concluyan las evaluaciones técnicas de la magnitud de los daños.
- Si tomamos en cuenta que la reconstrucción de Armenia y la de los 11 municipios que resultaron afectados tomó tres años, podemos estimar que la reconstrucción en esta ocasión —si se gerencia bien la tarea— debe tomar un espacio de tiempo similar. El FOREC se liquidó a los tres años de haber iniciado las tareas de reconstrucción de Armenia.
- Ahora bien: esos 30 billones no significan que haya que desembolsarlos desde un comienzo: se espaciarán en el supuesto que estamos utilizando en tramos anuales de 10 billones. Es decir, el costo de la reconstrucción se escalonará (para tener un orden de magnitud de las cosas) en tramos de 10 billones a lo largo de los tres años que asumimos que tomará la reconstrucción.
- De estos tramos anuales de 10 billones podemos asumir perfectamente que un 15 por ciento correrá por cuenta del sector privado y de la cooperación internacional; y un 85 por ciento estará a cargo del presupuesto nacional.
- Un 85 por ciento de 10 billones por año representa un esfuerzo fiscal del orden de 8,5 billones cada año. Suma importante pero no inabordable, tanto más si uno piensa que el presupuesto anual de la Nación está cercano a los 540 billones de pesos. En otras palabras, el esfuerzo de gasto adicional que la política fiscal tendría que asumir por año para financiar la reconstrucción sería apenas equivalente a cerca del 1,5 por ciento de lo que es el monto total de los gastos previstos en el presupuesto nacional.
- Ahora bien: ¿de dónde saldrían esos 8,5 billones anuales durante tres años? Pueden tener varias fuentes y no necesariamente tendrán que provenir todos de más impuestos; aunque sí quizás una parte menor de tributos transitorios que se pueden establecer al amparo de la emergencia económica que ya ha sido decretada.
- La variadas opciones de fondos que se han mencionado estos días pueden provenir: i) de la reorientación de gastos que ahora han dejado de ser prioritarios y que se pueden reorientar en el presupuesto de la vigencia 2027 hacia el propósito preeminente de la reconstrucción; ii) pueden provenir de figuras como ‘las obras por impuestos’ que se adecuan mucho a las necesidades nuevas planteadas por el terremoto; iii) pueden provenir también de algunos tributos sobre licores o juegos en línea; y iv) y pueden también —entre otras muchas opciones— tomarse de los recursos de las regalías.
- En estos días hemos escuchado infinidad de fórmulas y propuestas —muchas de ellas ingeniosas— para conformar la bolsa de recursos necesarios para financiar los tramos anuales de las inversiones requeridas por la reconstrucción.
Lo anterior nos lleva a una conclusión fundamental: lo indispensable ahora no son tanto los recursos para financiar la reconstrucción, sino la gerencia técnica, despolitizada y eficiente que maneje la inversión de estos recursos.
Y una conclusión: debemos mirar la cara positiva de todo esto. Inversiones durante los próximos tres años en cuantías aproximadas de 10 billones en cada ejercicio van a generar empleo, materiales de construcción e insumos técnicos en inmensas cantidades. Lo cual va a jalonar una verdadera oportunidad para reactivar el crecimiento económico del país. Muy especialmente en vivienda y en la restauración del mobiliario urbano. - Miremos este reto que plantea la reconstrucción de la zona afectada no como una maldición sino como una verdadera oportunidad. Alcanzable, sin desquiciar la política económica en los años venideros. Es más bien una formidable oportunidad.
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