
El Gobierno de ADLE y muy especialmente su equipo económico tendrán un segundo semestre de 2026 especialmente agitado y exigente. Será de vértigo.
Veamos no más el listado de los asuntos de los que deberá ocuparse para apreciar la magnitud del agobiante compromiso que tienen entre manos:
Antes del 30 de agosto deben devolver revisado al Congreso —para que éste inicie el trámite correspondiente— el presupuesto para la vigencia de 2027 que el Congreso devolvió para su estudio al Ministerio de Hacienda. Y cuyo trámite debe estar concluido (según lo manda la Constitución) antes de la medianoche del 20 de octubre.
En esta ocasión, la ley de presupuesto reviste una señalada importancia. El nuevo Gobierno debe imprimirle al presupuesto sus prioridades de gasto y prescindir de los caprichos burocráticos que caracterizaban el proyecto original de la administración Petro. Muy especialmente deben aparecer en la nueva versión del presupuesto las prioridades de gasto público asociadas a la gran empresa de reconstrucción de la zona afectada por el terremoto. El presupuesto del año entrante debe reflejar entonces el espíritu antiburocrático y redefinir las inversiones públicas del nuevo Gobierno hacia sus prioridades inmediatas.
Antes de terminar del mes de noviembre (la Constitución fija la fecha límite dentro de la cual el Gobierno de ADLE debe presentar ante el Congreso la ley cuatrienal del Plan de Desarrollo (2026-2030) y muy especialmente su plan cuatrienal de inversiones públicas), que debe estar listo “dentro de los seis meses siguientes a la iniciación del periodo presidencial respectivo”, tal como dice perentoriamente el artículo 341 de la Constitución.
La ley del plan y su plan cuatrienal de inversiones, junto con la indicación precisa de las fuentes de recursos con las que habrán de financiarse tales inversiones, es la espina dorsal de la que habrá de ser la gestión del Gobierno. No es una lista de mercado: es un verdadero “presupuesto plurianual”, como la misma con Constitución señala.
De allí el cuidado y la trascendencia de la elaboración del Plan de Desarrollo. Que debe ser presentado a consideración de las cámaras, repito, antes de finalizar el mes de noviembre.
- Antes de terminar el año debe elaborarse también el ‘Plan de Ajuste Fiscal’ que es la carta de presentación cuantificada y técnicamente elaborada que el Gobierno ADLE llevará ante los acreedores internacionales para buscar un ‘reperfilamiento’ de la deuda pública que la irresponsabilidad de la administración saliente no solo llevó a niveles siderales, sino que su servicio se ha acumulado en proporción muy alta en los semestres próximos.
- Como si lo anterior fuera poca cosa, el Gobierno radicará a consideración de las cámaras su reforma tributaria. Ha anunciado que lo hará en septiembre a no ser que el terremoto le haga variar el calendario que inicialmente se había fijado. Lo que probablemente es lo más prudente.
La preparación y discusión de toda reforma tributaria es desgastante y especialmente exigente para todo gobierno. Y ello deberá tener lugar también —en principio, a no ser que se postergue— también en el segundo semestre del año en curso. - Será en este semestre que el Gobierno desarrollará los decretos que saldrán de la declaratoria de emergencia económica que acaba de decretar para hacer frente a la gravísima calamidad pública que plantea el terremoto del 10 de agosto.
El diseño institucional de la manera como se procederá a organizar la reconstrucción de la zona afectada por el terremoto debe ser también objeto de cuidadosa atención por el Gobierno en el semestre en curso.
El admirable entusiasmo gubernamental no puede desperdigarse en anuncios y medidas al detal. Se impone una planeación centralizada de la reconstrucción, pero al mismo tiempo una ejecución descentralizada. La experiencia del FOREC en el año 99 mostró que debe haber una dirección central de lo que se va a hacer, pero una ejecución descentralizada.
En aquel entonces se organizaron bajo el paraguas general del FOREC 38 gerencias encargadas de aspectos concretos de la reconstrucción. Las ONG del sector privado jugaron un papel preponderante. Por ejemplo, los empresarios antioqueños se organizaron bajo lo que se denominó ‘Antioquia Presente’ que reparó 80.000 viviendas averiadas en Armenia y construyó 40.000 nuevas.
- El reto organizacional en esta ocasión es aún mayor: a diferencia del terremoto de Armenia, que estuvo circunscrito a la capital quindiana y a su zona de influencia, el terremoto del 10 de agosto afectó 416 municipios con estragos de toda índole. La tarea ahora es monumental y debe diseñarse a lo largo de este semestre.
Debe haber un centro general de planificación de una tarea gigantesca que como van las cosas no valdrá menos de 40 billones de pesos. Pero debe haber responsables regionales de aspectos concretos de la reconstrucción. La descentralización de la reconstrucción en manos de ONG es clave.
El Gobierno seguramente está pensando un modelo de este tipo. Por ejemplo, la gerencia de la reconstrucción de las viviendas rurales afectadas puede encomendarse a la Federación de Cafeteros, que tiene experiencia amplia en vivienda cafetera. Y, para poner apenas un par de ejemplos más, la reconstrucción del mobiliario urbano y de los inmuebles destrozados en Manizales y Pereira puede encomendarse a las sociedades de arquitectos e ingenieros de las dos capitales. Y así por el estilo. La descentralización en la ejecución de los programas de reconstrucción resulta fundamental.
El montaje de la institucionalidad para ejecutar tan gigantesca tarea habrá que diseñarlo rápidamente: sin improvisaciones, pero con premura.
No es, pues, un calendario nada fácil el que nos espera. En el semestre que viene están concentradas las que son acaso las decisiones más delicadas de este cuatrienio.
El Gobierno quiere acertar y está rebosante —a diferencia del anterior— de buena fe. La suerte de Colombia está asociada a que al Gobierno le vaya bien, y corra con suerte y aplomo en lo que queda del 2026. El Gobierno de ADLE merece por tanto y, ante todo, el apoyo ciudadano que tan crucial semestre requiere.
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