
La dismorfia corporal: cuando el espejo se convierte en enemigo
Tener una relación saludable con el propio cuerpo significa entender que no tiene que ser perfecto para ser valorado y amado. Sin embargo, hay muchas personas a las que no les gusta ni aceptan la manera en la que lucen; y esto, más que un complejo, es un trastorno de salud mental que debe ser atendido por profesionales.
La vida podría definirse como un viaje hacia la autoaceptación y el amor propio. Y para las personas que se centran en su aspecto físico este viaje podría no tener fin. Tal es el caso de la actriz Megan Fox, quien ha sido catalogada como una de las mujeres más bellas y sexis del mundo y quien, actualmente, aparece en una de las portadas del especial de vestidos de baño de la revista Sports Illustrated. Lo paradójico es que en donde todos vemos a una mujer físicamente perfecta, ella solo ve sus supuestas imperfecciones y defectos. Esto no solo la ha llevado a invertir miles de dólares en cirugías y tratamientos estéticos, sino que seguramente le ha generado mucho sufrimiento y dolor.
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Según ella misma lo ha compartido en diferentes entrevistas, sufre de un trastorno dismórfico corporal desde que era niña y desconoce las causas. Para sanarse, más que cirugías, lo que Megan necesita es ponerse en manos de un profesional de la salud mental e iniciar un tratamiento de terapia cognitivo-conductual (TCC). Esta ha demostrado ser efectiva en ayudar a las personas a cambiar sus patrones de pensamiento negativos, y a enfrentar los miedos relacionados con su apariencia física.
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