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“Hemos formalizado 728.000 hectáreas productivas a comunidades indígenas y afro para garantizar sus derechos territoriales”, Felipe Harman

Después de décadas marcadas por el desplazamiento forzado y promesas incumplidas, la creación del Resguardo Indígena Emberá Drua, en Florencia, Caquetá, marcó un antes y un después en la lucha de esta comunidad, víctima del conflicto armado, por preservar sus tradiciones y cosmovisión en una tierra propia. ¿Cómo lo lograron?

Para los indígenas Emberá Drua, “la tenencia territorial garantiza todo lo que poseemos y salvaguardamos”. Sin embargo, desde sus orígenes, el camino para alcanzar este propósito común no ha sido fácil. Son descendientes del pueblo Emberá Chamí, que según relatos de la comunidad, fue desplazado de los cañones de los ríos San Juan (Risaralda) y Garrapatas (Valle del Cauca).

Como resultado de ese desplazamiento, a finales de la década de los 60, las primeras familias de la comunidad Emberá Drua se asentaron en la Puerta de Oro de la Amazonía colombiana: Florencia (Caquetá). Allí, después de vivir un tiempo en la cabecera municipal, se unieron a otras familias del mismo pueblo que se encontraban en zona rural, conformando así el Resguardo Honduras, ubicado en una vereda del mismo nombre.

En 1984, lejos de desaparecer, el fenómeno del desplazamiento forzado alcanzó nuevamente a la comunidad en la vereda donde habían comenzado a edificar sus costumbres y tradiciones. Mientras algunas familias regresaron a sus territorios de origen en Risaralda y Valle del Cauca, una gran parte de la comunidad regresó al casco urbano de Florencia, específicamente, al barrio Los Andes Bajos, en el sector de Las Malvinas, conocido por recibir constantemente a población desplazada de la zona rural de ese y otros municipios.

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