
¿Por qué se hicieron las mejores películas de los Oscar? Las obsesiones de los directores
Carteles de Hamnet, Sinners y Frankestein. Créditos: Ilustración por Yamith Mariño.
Nuestro periodista Juan Francisco García, fascinado con ‘Sinners’, ‘Hamnet’ y ‘Frankestein’, tres de las obras nominadas a Mejor Película en los premios Oscar de este domingo, cuenta la resonancia biográfica e íntima que tienen con sus directores y que da luces de su potencia narrativa.
El Frankenstein de Guillermo del Toro, una obsesión de décadas
Guillermo del Toro fue un niño desgarbado, pálido (casi albino), un nerd en toda regla, que, lejos de las canchas de fútbol, se pasaba los recreos leyendo, fabulando, haciendo preguntas raras. Se crio en los años sesenta en Jalisco, Guadalajara, en un ambiente familiar sitiado por la religión católica, con las mujeres vestidas de negro e instruido por jesuitas. Como su padre se ganó la lotería nacional en 1964, además de crecer en una mansión con águilas, leones y venados como mascotas, fue un lector precoz y consumado. En el pódcast Awards Chatter, de The Hollywood Reporter, contó que con siete años se aprendió de memoria enciclopedias sobre arte, salud y anatomía, que lo convirtieron en un hipocondríaco ilustrado y, a los ojos de su padre, en un “un niño demasiado raro”.
Matoneado en el colegio, incomprendido por su abuela rezandera que le hacía sangrar los pies para purgar sus pecados, con once años, un domingo después de la misa compró la primera edición de Frankenstein, publicada por Mary Shelley en 1818. Después de leerlo, tuvo la certeza de que ‘La Criatura’, el monstruo era él. Frankenstein se convirtió en su Biblia. “Ahí vi la resurrección de la carne, el Mesías, la inmaculada concepción, todo eso que la religión católica me contaba sin convencerme”, dijo en el podcast.
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