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Obras de Hermando Alzate
En el taller de Hernando Alzate. Fotos: Eduardo Arias.
Cultura

Los barcos encallados de Hernando Alzate en la Casa Museo Grau

En la Casa Museo Grau se exhibe durante una semana el proyecto ‘Destino final’ de Hernando Alzate, quien encontró en las imágenes de barcos abandonados en tierra firme un motivo para reflexionar acerca del recorrido de las personas a lo largo de sus vidas.

Por: Eduardo Arias

La imagen de un barco abandonado (ya sea una canoa con su madera pudriéndose o un portaaviones desguazado) siempre ha sido perturbadora, inquietante. Y, sobre todo, pone a volar la imaginación de quien la ve. ¿De dónde llegó esa nave? ¿A cuál puerto no alcanzó a llegar? Estos barcos que tuvieron días mejores son el tema de la exposición Destino final del artista Hernando Alzate, quien regresó a Colombia luego de haber vivido 35 años en otros países, principalmente Ecuador y Estados Unidos.

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Hernando Alzate en su taller.

La muestra, que se exhibe entre el 20 y el 28 de agosto en la Casa Museo Grau de Bogotá, la componen 30 cuadros al óleo, algunos de ellos sobre madera, otros sobre lienzo y los demás sobre placas de metal en proceso de oxidación. No todas sus pinturas están en un rectángulo. Algunas de ellas, de menor formato, son círculos de metal en los que los barcos flotan en un fondo dorado. A los cuadros los complementan algunas pocas esculturas hechas en diversos materiales. Cada uno de estos barcos, dice el artista, posee un significado particular. Hasta el punto de que Alzate escribió textos literarios para 15 de ellos, que se pueden escuchar en la exhibición a través de auriculares mientras se contempla la obra.

En esta serie, dice Alzate, cada navío que parece abandonado a su suerte funciona como un espejo, un reflejo de la vida de las personas. Alzate nació en Bogotá en 1959. Es una artista autodidacta que desde niño se apasionó por el arte. Ha explorado ante todo el realismo contemporáneo y el pop art desde el dibujo, la pintura y la escultura,

Su obra es fruto de una vida dedicada a las artes visuales y al diseño en todas sus formas, ya que también ha trabajado gran parte de su vida como publicista, pero siempre como artista gráfico y pintor. Su obra se encuentra en colecciones privadas en Estados Unidos, Europa, Suramérica y Oriente Medio.

Barcos en dique seco

El proyecto Destino final surgió hace muchos años, cuando Alzate visitó una playa del mar del Norte en la zona de Rotterdam. Allí vio un barco roto, oxidándose, que exhibía sus tripas de metales corroídos. Le pareció que ese barco atrapado en tierra firme reflejaba la vida de una persona que ya ha recorrido un largo camino en su vida. Y se dijo que algún día debía pintar barcos como ese, encallados y que agonizan lejos del agua.

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Sin embargo, en ese momento él vivía en Estados Unidos. En aquel entonces estaba dedicado al pop art. “Me dejé envolver un poco por el mercado americano. Yo hacía esculturas con pedazos de juguetes y fue muy exitoso. La gente todavía me las pide mucho. Pero cuando volví a Colombia sentí la necesidad de volver al caballete”.

El resultado de esos dos años de trabajo luego de su regreso al país son las pinturas de esta serie. En el desorden propio del taller de un artista, en el que Alzate le da los últimos toques a un par de cuadros, se potencia el poder de esas imágenes, como si estuvieran amontonadas en un cementerio de chatarra, lejos del orden casi siempre calculado de una exposición de pintura en una galería o en un museo.

El regreso a las raíces

“Quiero ser un abanderado de que los pintores tienen que volver a pintar. Los dibujantes tienen que volver a dibujar. Hay que volver a untarse de óleo y de trementina, volver a encontrar un concepto y una idea profunda”, es su nuevo grito de batalla. En efecto, Alzate entendió que regresar a los pinceles, el óleo y la trementina era una manera de volver sobre sus pasos, ya que al iniciar su carrera había trabajado mucho el realismo contemporáneo. Y como el tema de los barcos encallados le había quedado rondando, decidió ponerse manos a la obra y también se dijo: "Quiero hacer esta serie como un símil del viaje épico que es la vida”: Pero advierte que, aunque la serie se llame Destino final, no es una oda a la muerte sino al viaje épico. “De vivir, de haber vivido, de todo lo que uno trae adentro”. Ese es un tema que ha vuelto a tomar mucha fuerza en las conversaciones a partir de la película La odisea de Christopher Nolan. “Revivió ese concepto del regreso, del viaje, de qué tan arañado y tan contuso llegas cuando por fin termina”.

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Cuando ya estaba pintando las obras sintió que la pintura no era suficiente para expresar sus ideas y por eso les escribió poemas a los cuadros. Afirma que cuando el espectador ve la obra y oye el poema “se produce una vaina”. Dice que en su taller lo han visitado personas que se han puesto a llorar.
Además del lienzo y la madera decidió también pintar sobre latas oxidadas. “Por más que yo estabilizo la lata, esta se va a seguir oxidando. Casi que irremediablemente. Entonces, los óxidos de la misma lata juegan con el barco que ya no tiene mantenimiento”.

Cada barco cuenta una historia de vida

Mientras mira las paredes de su taller, en el quinto piso de un edificio de oficinas del barrio Chicó Reservado, Alzate señala cuadros casi al azar. “Este barco quedó como en dique seco, espera que vuelva una marea y lo vuelva a sacar otra vez a navegar. Es la incertidumbre”. Muestra otro partido en dos al que le falta la popa y el timón. “Es alguien que ha tenido una pérdida y ha sufrido. Es la dificultad de navegar con el peso muerto de lo que no se ve. Sin embargo tienes que seguir navegando, a pesar de lo difícil que es hacerlo sin popa y sin timón porque pierdes el rumbo, pierdes el gobierno del barco. Hasta que algún día tú también te hundes y te encuentras en las profundidades con aquella mitad perdida. De eso habla el poema”.

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También muestra un cuadro en el que pintó un barco encallado en el mar de Aral, en Rusia, un enorme cuerpo de agua en la mitad de la masa continental que ha perdido casi la totalidad de su espejo de agua original. “Es un parqueadero de barcos hundidos. Puede haber un barco a 200 kilómetros de la costa actual”. El poema que le dedicó a ese cuadro habla “de la gente que nos habitó en la vida, que nos dejó huellas, unas bonitas, otras feas, arañazos en el metal, pinturas coloridas”.

El gigante acostado a las cinco de la tarde es un barco que “un día decidió tumbarse sobre sí mismo para ver caer el sol y contemplar el mar sin que nada más le importara, pero cuando se tumbó sobre sí mismo, descubrió cuánto pesaba”.

Al cuadro La isla dorada lo acompaña un poema que habla de una isla donde, según narraban los antiguos, pasaban cosas muy extrañas, extraordinarias y peligrosas. “Sin embargo, este barco decidió poner la proa hacia esa isla y pasar sus últimos días en esa isla. Es un poema acerca de la osadía. De que uno debe aventurarse así le digan que el mar está peligroso. Uno debe afrontarlo y tener la valentía de ir a recalar allá”. También ha pintado barcos de río, aquellos vapores que navegaban por el río Magdalena, apeados en una orilla devorados por la selva.

Después del Museo Casa Grau esta exposición irá a Medellín con la galería Más Arte Más Ciudad, en Barranquilla en la Fundación Puerto Colombia el 5 de noviembre cierra su gira con una exposición en el Museo Naval de Cartagena. Un muy buen destino, así sea temporal, para esta colección de barcos de diverso calado que aún buscan su destino final.

Destino final
Hernando Alzate
Museo Casa Grau
Calle 94 No.  7-48, Bogotá.
La exposición estará abierta al público del 20 al 28 de agosto.

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