
El nuevo gobierno enfrentará enormes retos en diversos frentes —la inseguridad, las finanzas públicas, el sistema de salud, los riesgos energéticos, el cambio climático (el Fenómeno de El Niño golpeará duramente a Colombia) y la gran fractura social por cuenta de la polarización extrema. Sin embargo, no hay que perder de vista que la prioridad nacional debe ser la erradicación de la pobreza extrema y la mejoría en las condiciones de vida del resto de personas que viven en pobreza.
Los cinco grandes desafíos enunciados afectan directa o indirectamente, tarde o temprano, la capacidad de lograr avances sustanciales en materia de lucha contra la pobreza, y por lo tanto está bien que se encaren de manera específica. Pero es muy importante que los líderes políticos y los técnicos (bienvenidos de vuelta, no necesitamos activistas sino expertos en solucionar problemas), tengan siempre en mente la dolorosa situación en la que a duras penas sobreviven millones de ciudadanos, para que todas sus decisiones apunten a beneficiarlos.
Algunos datos para evidenciar la magnitud de la tarea pendiente en materia social:
- En pobreza monetaria extrema (ingresos inferiores a 237.000 pesos mensuales) se encuentran 5 millones de colombianos. En algunas ciudades esa condición alcanza proporciones —como porcentaje del total de la población— alarmantes: 32.5 por ciento en Quibdó y 25.9 por ciento en Riohacha.
- La pobreza multidimensional (que mide 15 variables en cinco dimensiones: educación, trabajo, salud, niñez y juventud, vivienda y servicios públicos) es 3.6 veces mayor en las zonas rurales que en las ciudades.
- Una contundente y muy lamentable evidencia de la discriminación étnica de nuestra sociedad es que la pobreza multidimensional perjudica al 37.9 por ciento de los indígenas y al 17.4 por ciento de los afrodescendientes, mientras que su prevalencia es de apenas el 7.9 por ciento en el resto de los colombianos.
- Sufren de inseguridad alimentaria 12 millones de personas. De ellas, 1.8 millones padecen hambre, algo muy triste y absurdo teniendo la abundante producción agropecuaria de nuestro país.
Para poder atender con el mayor impacto posible y cuanto antes esta grave problemática, se requiere un liderazgo colectivo —gobierno, sector privado, aportes de la academia y apoyo de la comunidad internacional. Se necesita mucha inversión —nacional y extranjera— que genere empleos, tributos y divisas; es indispensable mejorar la eficacia del Estado y su presencia en todo el territorio nacional; y hay que derrotar a la corrupción y la evasión que se roban masivamente los recursos públicos que deberían ser inversión social.
Ojalá, en medio de tan profunda fragmentación política, podamos como mínimo ponernos de acuerdo en que trabajar por los menos favorecidos sea un imperativo moral de la nación entera.
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