
Desigualdad, redistribución y democracia en Colombia
El economista, exministro y escritor Alejandro Gaviria explora cómo funciona en el país la relación entre esos tres conceptos y pone de presente la complejidad que el Estado y la sociedad deben enfrentar para manejarlos.
Por: Alejandro Gaviria
Hubo un momento durante la última campaña presidencial que generó una polémica fugaz que vale la pena recordar de nuevo en el contexto de este artículo, en la discusión sobre desigualdad y democracia. Ocurrió durante un debate de los precandidatos de la coalición de izquierda, del Pacto Histórico, que incluía por supuesto al actual presidente de Colombia, Gustavo Petro. El moderador del debate les preguntó a los precandidatos si en el país existía o no una democracia. La respuesta fue unánime: “no”.
En este tipo de debate, que corresponde a lo que podríamos llamar genéricamente una elección primaria, los candidatos les hablan a sus bases, en este caso a los votantes de izquierda que –puede uno inferir entonces (es un asunto de mera lógica)– mayoritariamente pensaban de esa manera y que consideraban que en Colombia no existe una democracia, al menos no una verdadera o tal vez una con tantos defectos y calamidades que no debería llamarse de esa forma.
Quiero proponer una interpretación parcial al respecto: una interpretación acerca del pesimismo con la democracia colombiana de un grupo grande de personas, de un amplio sector de la población. Muchos intuyen o creen, pienso, que la desigualdad y la democracia no son compatibles, que una democracia que ha sido incapaz de disminuir nuestros altos niveles de desigualdad durante décadas no puede considerarse como tal, que el poder económico ha cooptado el poder político, que la democracia ha sido capturada, que los ricos y poderosos ejercen una influencia desmedida en las decisiones, en fin, que la desigualdad invalida y pervierte la democracia.
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