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Catalina Ceballos
Puntos de vista

Bogotá, ¿inseguridad o arte público?

Camino por Bogotá, es mi manera de trasladarme de un lugar a otro, de pensar, de distraerme pero desde hace un tiempo para acá, caminar por Bogotá se ha convertido en una aventura, esquivar huecos, mientras miro con sospecha al frente, a la derecha, atrás, me amarro la mochila al frente y aprieto la mano, mientras trato de llegar de un lugar a otro. Extraño pensar en el espacio público como un lugar que nos pertenece y corresponde a todos y todas porque este significa muchas cosas, movilidad, comercio, entretenimiento, pero también los encuentros, la confianza, la identidad. Los tangibles y los intangibles se encuentran ahí, en el espacio público. Hoy ese espacio público es inseguro.

Desde las artes y la cultura el espacio público tiene un significado asociado al uso y desuso del mismo. Y es que el espacio público es vital para la democracia y fundamental para las relaciones que se desarrollan en una ciudad. El concepto de comunidad surge de esa identificación con el espacio, “lo público” está constituido por las relaciones sociales y las prácticas culturales que se realizan en esos espacios, que el desarrollo urbano moderno definió como “áreas comunes”: la calle y los parques. Por eso nos referimos a la integración de la cultura y las artes en los espacios públicos para la configuración de la imagen y la identidad de una ciudad. A través de intervenciones de arte, cuestionamos los valores de una ciudad y de la sociedad. A través de las artes como ciudadanos nos apropiamos de los espacios, esa apropiación es un vehículo para la seguridad.

El espacio público es tan importante que no solo hace parte de nuestra identidad si no que también es el lugar para las movilizaciones sociales, es allí donde confluyen las artes expresadas a través de arengas, bailes, cierres simbólicos, cambios de nombres a estaciones o plazoletas, contramonumentos y grafitis, cartelismo, frases movilizadoras. Sí, claro, también el vandalismo, los robos, los gases lacrimógenos, los desaparecidos, y los muertos. Pero, en la posteridad de estos actos, se aprecian símbolos como elementos de memoria y de resistencia que reafirman los movimientos sociales que a su vez dinamizan la política y el nacimiento de comunidades de base.

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