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El expresidente Álvaro Uribe Vélez.
Poder

Un Álvaro Uribe fortalecido asume la campaña política de la derecha

El expresidente Álvaro Uribe Vélez

Con la absolución total por parte del Tribunal Superior de Bogotá, el expresidente y su partido, el Centro Democrático (CD), se presentan victoriosos ante “una implacable persecución judicial” y con la meta de triunfar en las elecciones de 2026. Análisis.

Por: Armando Neira

A sus 73 años, el expresidente Álvaro Uribe Vélez está de vuelta para combatir políticamente a sus adversarios. Tras la decisión, en la mañana de este martes, del Tribunal Superior de Bogotá de absolverlo de los delitos de soborno y fraude procesal y librarlo de la condena de 12 años de cárcel, desembarca fortalecido en la campaña electoral.

En medio de la fragmentación de la derecha –que, aunque exhibe más de medio centenar de aspirantes, no cuenta con una figura de su autoridad ni de su peso político–, Uribe emerge como una tabla de salvación. Y aunque legalmente está impedido para volver a Palacio, como aún sueñan muchos nostálgicos, sí es cierto que en la batalla por el Congreso será decisivo. 

De hecho, en su colectividad, el Centro Democrático (CD), en medio de la efusividad, se escucharon propuestas para que fuera la fórmula vicepresidencial del candidato que se elegirá en una encuesta el 28 de noviembre.

“Es un batallador de toda la vida”, dice Gabriel Vallejo, presidente del CD. “No tengamos dudas de que él no descansará en defensa de la democracia y para reconstruir el país”. Desde su óptica, el país es una nave que hace aguas por todas partes, como lo evidencia la crisis con Estados Unidos, la más grave en los 200 años de relaciones. Para evitar el naufragio, asegura, se necesita un líder sin igual, como él.

Al contrario de aquellos días aciagos de agosto, cuando la jueza Sandra Heredia lo declaró culpable y se le vio abatido, cansado, exhausto por un proceso que se inició en 2012 y con el rostro marcado por la angustia, ahora es borrón y cuenta nueva en su carrera política.

Atrás quedaron los días en que se le vio suplicante ante la jueza: “Le pido en mi alma que me absuelva”. Ella le preguntó si se declaraba inocente o culpable:

–Ay, señora, ay, señora jueza, por Dios. ¿Por qué me está llevando a esta etapa? Usted sabe cuál sería mi respuesta –dijo aquel primero de agosto, en una lacónica frase con la que se interpretaba que se cerraba el ciclo de su carrera política. Ahora se ha vuelto a levantar.

Gustavo Petro mide el golpe

En la otra orilla, el senador Iván Cepeda sufre un golpe a solo cinco días de la ya de por sí accidentada consulta del Pacto Histórico. El parlamentario declaró a CAMBIO que su batalla no terminaba con esta decisión: “De ninguna manera”, sentenció.

Para él, “más allá de este proceso, hay hechos graves: falta la etapa de lo que fue el grupo paramilitar Metro, hechos que están en la impunidad y que deben ser aclarados, como las masacres de El Aro y La Granja, y el asesinato del defensor de derechos humanos Jesús María Ovalle, ocurridos cuando él fue gobernador de Antioquia. Siguen en la impunidad y deben ser investigados”, enumeró.

Presidente Gustavo Petro en discurso
Gustavo Petro, presidente de la República. Foto: Presidencia.

Aunque Cepeda anunció que irán a casación ante la Corte Suprema de Justicia e incluso a instancias internacionales como el Sistema Interamericano de Derechos Humanos, también es cierto que buena parte de su campaña estaba cimentada en el prestigio de haber sido el hombre que llevó a la cárcel al político más poderoso de la historia reciente de Colombia. Ya no.

El impacto político de esta decisión es de tal dimensión que el presidente de la república, Gustavo Petro, quien por razones de su cargo debería mantener imparcialidad frente a las decisiones judiciales, salió a criticarla: “Se tapa la historia de la gobernanza paramilitar”, dijo. “Los espero en la Plaza de Bolívar de Bogotá este viernes para comenzar la recolección de las firmas del poder constituyente”, aseguró Petro.

Petro tiene un olfato político innegable y sabe leer la coyuntura del país; es consciente de que ahora la pelea con Uribe, sin ataduras, es a otro precio. Por eso, convoca la manifestación para el viernes como cierre de campaña de la consulta del domingo entre sus posibles herederos, Cepeda y Carolina Corcho. En el Gobierno saben que deben darle oxígeno por todas las vías, porque lo que está en juego es conservar el poder en 2026.

Y no solo eso: se trata de un Uribe que hoy se presenta como víctima, un papel que históricamente ha seducido a los electores en Colombia. Por eso, todo su grupo de generales se puso en primera fila para exhibir esta narrativa. 

“Este fallo confirma lo que millones de colombianos siempre supimos: que Uribe fue víctima de una estrategia política diseñada para silenciar su liderazgo e intentar destruir su legado”, dijo María Fernanda Cabal. “Hoy sentimos una victoria que regocija. Se ha hecho justicia”, afirmó Paloma Valencia. Ambas son senadoras y aspirantes a la Casa de Nariño.

Lo primero, recuperar el Congreso

En el uribismo saben, sin embargo, que es muy difícil ganar la Presidencia, a pesar de la trayectoria de estas dos mujeres y de los demás aspirantes de la colectividad. Por eso, creen que el objetivo inmediato debe ser conseguir las mayorías en el Congreso, un poder que tuvieron y que se fue diluyendo con el tiempo.

Para ello, anunciaron que Uribe estará en la lista: ocupará el puesto 25 de la lista al Senado, que será cerrada, para que su nombre arrastre al mayor número de electores. Es decir, es casi previsible que, como en un déjà vu, vuelvan las vallas por todo el país con su silueta, la mano firme y el corazón grande, invitando a votar por él. Una situación impensable hasta hace muy pocas semanas.

Iván Cepeda, senador y aspirante presidencial.
Iván Cepeda, senador y aspirante presidencial del Pacto Histórico. Foto: Nelson Cárdenas.

En la narrativa de la campaña, en la que se apelará al victimismo, el uribismo tiene argumentos de peso. En este caso de la absolución puede haber controversias jurídicas, pero hay otros en los que no. No solo asesinaron a su candidato presidencial, Miguel Uribe Turbay, el más votado en las elecciones de 2022, a quien le dispararon el 7 de junio y falleció el 11 de agosto, sino que varios de sus cuadros han sido víctimas de atentados. Incluso los violentos se llevaron la vida de un muchacho en Chocó, aspirante a los Consejos de la Juventud.

Esos dramáticos episodios le servirán a Uribe de munición. No será una novedad, porque siempre ha basado su éxito electoral en el tema de la seguridad. “La culebra está viva”, es una de sus frases más recordadas.

Con esa mano dura fue como ganó reconocimiento nacional cuando, a finales de 1997, dejó el cargo de gobernador de Antioquia. En su gestión se mostró implacable con las guerrillas, lo que, según Cepeda y numerosas organizaciones de derechos humanos, lo llevó a violar los derechos humanos en su afán por mostrar resultados. Sin embargo, buena parte del país lo veía al revés: como el hombre que se necesitaba para poner orden en Colombia.

Un cuarto de siglo de protagonista

La situación era extremadamente delicada. A comienzos de este milenio, en distintos escenarios se decía que Colombia era un Estado fallido. Aunque en El Caguán el gobierno de Pastrana mantenía una mesa de negociación con la entonces guerrilla de las Farc, en el resto del país ese mismo grupo alzado en armas atacaba con una osadía y sevicia sin límites.

“En la selva solo quedarán los paujiles”, había dicho Jorge Briceño, el Mono Jojoy, para advertir que ahora iban a entrar a las ciudades.
Pastrana había ganado las elecciones con la convicción de que era posible firmar la paz, en parte porque el propio Manuel Marulanda Vélez posó con él en una foto en la profundidad de la selva, llevando en la muñeca un reloj promocional de su campaña. Horacio Serpa, su contrincante, lloró ese día al ver la noticia, porque comprendió que la gente se inclinaría por alguien que prometiera poner fin a medio siglo de confrontación armada.

Precandidatos
María Fernanda Cabal, Paloma Valencia, Paola Holguín, Andrés Guerra, militantes del Centro Democrático.

Pero Tirofijo no tenía prisa. Así que, cuando se instaló la mesa, dejó la silla vacía. Al día siguiente, de entre la manigua surgieron 5.000 hombres y mujeres fuertemente armados, con uniformes recién confeccionados, en un mensaje inequívoco de que la guerra iba en serio.

Fue entonces cuando apareció Uribe, quien comenzó a recorrer plazas y pueblos con un mensaje: “Hay que acabar con las Farc, hay que acabar con las Farc”. Las encuestas mostraban que apenas tenía un 3 por ciento de intención de voto. Ante los desmanes de la guerrilla, la opinión pública empezó a cambiar de parecer y a pensar en la necesidad de una mano dura.

Para las elecciones de 2002, Uribe se despidió del Partido Liberal, que lo esperaba en una consulta interna para elegir al candidato oficial. Tal era su respaldo en ascenso que ya sabía que, en solitario, podía marcar un hito y crear una fuerza distinta a la de los partidos tradicionales: el uribismo.

El domingo 26 de mayo de 2002 fue elegido presidente en primera vuelta con el 54,51 por ciento de los votos. El 8 de agosto, Uribe madrugó y empezó a dar órdenes para perseguir a las Farc con su política de “seguridad democrática”.

Esa mano de hierro, sumada a su hábito de madrugar a las tres de la mañana, trabajar sin tregua y realizar consejos comunitarios sábados y domingos, lo convirtió en un líder indiscutible. Su popularidad superó, en algunos casos, los 85 puntos. Sus seguidores lo apoyaban sin cuestionarlo, a pesar de los infames casos de los falsos positivos, en los que fueron asesinados al menos 6.402 jóvenes inocentes. “No estarían recogiendo café”, dijo él.

El hombre que cambió la Constitución

Con su enorme fuerza política, cambió la Constitución, abriendo paso a la reelección. Para los comicios de 2006, el fervor por él subió aún más y nuevamente fue elegido en primera vuelta con el 62,35 por ciento de los votos. Quienes lo apoyaban decían que había recuperado el país; quienes lo cuestionaban hablaban del “embrujo autoritario”.

Bajo su mando, las Fuerzas Armadas lograron varios golpes importantes: aunque Marulanda murió de viejo en la selva, los demás jefes fueron abatidos o capturados. Uno de los hitos en la confrontación armada fue la Operación Jaque, en 2008, con la que se logró el rescate de Íngrid Betancourt y otros 14 secuestrados.

Soñó con un tercer mandato, pero en febrero de 2010 la Corte Constitucional se lo impidió. Hubo tristeza en amplios sectores de la sociedad y también manifestaciones de alegría. “El más feliz con esta decisión es Juan Manuel Santos”, dijo, entonces, el líder de izquierda Gustavo Petro.

En efecto, Uribe le dio su apoyo a su ministro de Defensa, y así Santos ganó las elecciones. En su posesión, Santos anunció que abría las puertas a la paz, y desde entonces Uribe lo considera un traidor. Para Uribe, dice, no hay que hablar con bandidos.

Seguidores de Álvaro Uribe Vélez.
Seguidores de Álvaro Uribe Vélez. Foto: Colpensa.

Cuando se firmó el Acuerdo de Paz en Cartagena, el 26 de septiembre de 2016, hubo fiesta en la explanada entre el Muelle de Los Pegasos y el Centro de Convenciones. Entre los detractores de Uribe, que creían que esa imagen de Santos y Timochenko, rodeados de las Naciones Unidas y los embajadores acreditados en Colombia, sellaba su final político, había júbilo.

Pero, al otro lado, por las calles de la ciudad amurallada y de Getsemaní, aún resonaban las palabras de Uribe, quien, megáfono en mano, invitaba a votar “no” en el plebiscito, con un fervor que contrastaba con todas las encuestas que mostraban una proporción de 3 a 1 a favor del ‘sí’.

A la semana siguiente, ganó, en una demostración de que además de una fuerza vociferante que lo defiende en las redes sociales, hay otro sector silencioso que le es incondicional. Santos tuvo que llamar al resucitado Uribe para renegociar el Acuerdo.

Del plebiscito a la cárcel

Victorioso, Uribe luego aupó a Duque a la Presidencia. Precisamente en ese 2014, el senador Cepeda lo vio, sorprendido, abandonar el debate en el que lo señalaba de tener vínculos con paramilitares para irse a denunciarlo ante la Corte Suprema. El giro del guion no podía ser más inesperado: el tribunal no solo absolvió a Cepeda, sino que empezó a investigar a Uribe por los delitos de fraude procesal y soborno a testigos en su intento por desacreditarlo.

Muchos analistas vieron que, en semejante situación, ahora sí llegaba el ocaso de Uribe. “Políticamente se acabó”, decían. No les faltaba razón. En plena pandemia, y con un país confinado, fue privado de la libertad, reseñado y dejado allí, en su finca El Ubérrimo. Era la primera vez que un expresidente de Colombia iba tras las rejas. Luego recuperó la libertad, pero en ese 2020 se le vio tan afectado que se pensó que era el epílogo de su vida pública.

Cuando Petro ganó las elecciones, en 2022, se reunió con él con la convicción de que había que llegar a acuerdos, y eso debía hacerse entre quienes realmente tuvieran el poder. La polarización se instauró y la discusión diaria ha oscilado entre el petrismo y el uribismo.

Cuando el primero de agosto, la jueza Heredia lo condenó a 12 años de prisión domiciliaria y lo inhabilitaba para ejercer funciones públicas por ocho años, cuatro meses y 20 días, así como una multa de 2.420 salarios mínimos legales vigentes, esta vez, sí, decían sus contradictores, Uribe se acabó.

Álvaro Uribe y Juan Manuel Santos.
Álvaro Uribe Vélez durante su presidencia con el entonces ministro de Defensa, Juan Manuel Santos. Foto: Colprensa.

Ahora ha tenido una resurrección inesperada. El analista político Gabriel Cifuentes afirma que la primera consecuencia evidente es que Uribe podría participar en las elecciones y, por ende, tiene vía libre para hacer parte de las listas al Senado del CD, lo que lo convierte en el aspirante más atractivo.

Además, considera que se trata de una victoria política incuestionable, que lo libera de tener que defenderse por ese proceso y le permite concentrarse en la campaña, al igual que a su bancada, que no tendrá el desgaste de proteger ante el dedo acusador a su jefe.

Cepeda insistirá en continuar el proceso, pero, en todo caso y a corto plazo, queda sin uno de los activos más grandes de su campaña: haber logrado la condena del máximo exponente de la derecha.

Yann Basset, profesor de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario, sostiene que, así como la condena en su momento le dio mayor visibilidad a Uribe, esta absolución lo devuelve al centro del juego político-electoral.

Sin embargo, cree que hay otros factores que lo impulsan, como los problemas de seguridad que vive el país, los cuales vuelven a poner en vigencia su discurso.

¡La derecha unida, jamás será vencida!

Al bálsamo que ha recibido el CD seguramente se sumarán otras fuerzas de la derecha que saben que, con Uribe de su lado, podrán cosechar más frutos. “La absolución refleja la solidez de nuestra institucionalidad”, dice el aspirante del Partido Conservador, Efraín Cepeda.

Los analistas también ponen el foco en el manejo de las relaciones internacionales. Mientras Petro es incapaz de condenar a Maduro, Uribe no solo carga contra él: advierte de sus riesgos para la democracia y, como Trump, lo señala como jefe del Cartel de los Soles. En las elecciones se sabrá, de manera fáctica, a quién le cree más el país y por quién se inclina: si por los que siguen a Maduro o quienes admiran a Trump.

Basset advierte, sin embargo, que Uribe no lo tiene fácil, porque recomponer en tan poco tiempo al CD y obtener éxitos electorales es un desafío complejo. Lo que sí es seguro es que, al margen de los resultados, seguirá siendo la figura articuladora de la derecha. De hecho, ahora que sobre él pesaba la decisión de la jueza Heredia, su casa de Rionegro se convirtió en un punto de peregrinación para los líderes políticos de esta tendencia.

Como se ha visto, han pasado presidentes, han ocurrido hechos extraordinarios como el desarme de las Farc, de todo, pero Uribe siempre está. En ocasiones, se piensa que ha llegado su final y que las acusaciones que gravitan sobre él por vínculos con paramilitares serán definitivas para cerrar su historia pública.

Sin embargo, él se levanta, resucita y vuelve a ser lo que más le gusta: hacer campaña política. Por eso, ahora se prepara activamente. La justicia lo acaba de declarar inocente justo en vísperas de las elecciones. Uribe ha vuelto.

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