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El expresidente Gustavo Petro durante la réplica al presidente Abelardo de la Espriella, realizada el martes desde Bélgica. Foto: captura de pantalla.
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El Pacto ya gastó dos de sus tres réplicas y el petrismo discute quién debe dar la tercera

El expresidente Gustavo Petro durante la réplica al presidente Abelardo de la Espriella, realizada el martes desde Bélgica. Foto: captura de pantalla.

La réplica que Petro grabó con un celular en un aeropuerto de Bruselas, sin las gráficas que anunció, abrió en el petrismo el debate sobre quién debe ejercer la próxima vocería de la oposición. Al Pacto Histórico le queda un solo espacio de los tres que da la ley cada año.

Por: Armando Neira

El Pacto Histórico ya utilizó dos de los tres espacios que la legislación colombiana permite cada año a las organizaciones declaradas en oposición para responder a las alocuciones presidenciales.

Las dos intervenciones estuvieron encabezadas por Gustavo Petro e Iván Cepeda en la primera ocasión y por Petro en la segunda. La más reciente, transmitida este martes 15, generó críticas incluso dentro de sectores internos y cercanos al Pacto Histórico por la manera en que fue producida y de quién debería llevar la vocería.

Petro grabó la intervención desde la sala de un aeropuerto en Bruselas, utilizando un teléfono celular. Durante el discurso hizo referencia a gráficas que no aparecieron en pantalla. Gustavo Bolívar confirmó posteriormente que hubo problemas de producción y que una primera grabación se había realizado en formato vertical, por lo que tuvo que repetirse.

Según Bolívar, en entrevista con el periodista Daniel Coronell, la versión definitiva se produjo con poco tiempo y no permitió incorporar las gráficas y afinar la edición. Para Juan Fernando Cristo, quien apoyó la campaña de Cepeda y fue ministro de Petro, fue una oportunidad dilapidada.

El episodio convirtió la producción de la réplica en parte de la discusión política. Pero el problema de fondo es otro: qué está haciendo el Pacto Histórico con una herramienta que la ley diseñó para garantizar que la oposición pueda responder directamente al Gobierno.

Un derecho para equilibrar el debate

El derecho de réplica no es una concesión del Gobierno de turno ni un mecanismo creado específicamente para el Pacto Histórico. La Constitución reconoce la oposición política como un derecho y la Ley 1909 de 2018, conocida como Estatuto de la Oposición, estableció mecanismos concretos para ejercerlo.

El artículo 15 dispone que, cuando el presidente realiza una alocución oficial a través de medios que utilizan el espectro electromagnético, las organizaciones políticas declaradas en oposición tienen, durante las siguientes 48 horas, espacios en los mismos medios, con igual tiempo y horario, para controvertir la posición del Gobierno. La ley limita esta posibilidad a tres veces por año.

 

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El expresidente Gustavo Petro durante el derecho de réplica del Pacto Histórico, en agosto. Foto: captura de pantalla.

 

La misma ley contempla, en su artículo 17, un derecho de réplica frente a tergiversaciones graves y evidentes o ataques públicos de altos funcionarios. En esos casos, la respuesta debe contar con condiciones de tiempo, medio y espacio que permitan una difusión amplia.

La razón de este mecanismo es institucional: quien gobierna dispone de los canales oficiales para comunicar sus decisiones y posiciones; quienes están en la oposición necesitan un espacio garantizado para controvertirlas. La ley busca que ese intercambio no dependa exclusivamente de la voluntad del Gobierno o de la disponibilidad de los medios.

Tener el derecho, sin embargo, no garantiza que una intervención sea políticamente eficaz. Al contrario, puede terminar convertida en un autogol.

La primera vez: la emergencia

La primera réplica se produjo el 19 de agosto, después de una alocución presidencial relacionada con la emergencia provocada por el terremoto. Petro y Cepeda utilizaron el espacio para cuestionar la respuesta del Gobierno y presentar propuestas relacionadas con la reconstrucción y la atención de los damnificados.

La intervención también generó controversia por algunas expresiones de Petro sobre los aportes privados destinados a la emergencia. El expresidente habló de “limosnas” y “migajas” al referirse a las donaciones, en el contexto de su argumento sobre la magnitud de los recursos necesarios para la reconstrucción.

Ese episodio mostró uno de los riesgos de este tipo de intervenciones: una réplica puede terminar concentrando la atención pública en una frase particular y no necesariamente en el argumento central que sus autores pretendían transmitir.

La segunda réplica, las formas

El segundo episodio fue más evidente desde el punto de vista técnico y de improvisación. La intervención se realizó desde Bruselas donde se encontraba el expresidente. Petro habló directamente a la cámara de un teléfono celular y, en determinado momento, pidió a los espectadores que observaran una gráfica que no estaba disponible en la transmisión.

La ausencia del recurso visual fue ampliamente comentada en redes sociales. Pero las críticas más significativas llegaron de sectores políticos cercanos al propio Pacto Histórico.

Gustavo Bolívar reconoció que se hizo sobre la marcha. Explicó que una primera versión había sido grabada verticalmente y que posteriormente fue necesario repetirla porque ese formato no era adecuado para la televisión. También afirmó que la grabación definitiva se hizo con poco tiempo y sin posibilidad de incorporar los elementos visuales complementarios.

 

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El exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD), Carlos Carrillo, ha sido una de las voces críticas frente al liderazgo de Gustavo Petro. Foto: Colprensa - Mariano Vimos.

 

El episodio es relevante precisamente porque la crítica no provino únicamente de adversarios políticos. Bolívar, una figura cercana al petrismo, atribuyó los problemas a decisiones de producción y preparación.

La analista política María Jimena Escandón considera que el problema de la segunda réplica no fue solamente de producción. A su juicio, el espacio no terminó funcionando como una herramienta para contrarrestar con claridad el mensaje presidencial, sino que abrió una nueva discusión sobre el fondo y la forma de la respuesta. 

Escandón sostiene que Petro no logró instalar con suficiente claridad una narrativa alternativa frente a los cuestionamientos sobre la situación fiscal y que, al controvertir las afirmaciones del Gobierno y trasladar parte de la responsabilidad a administraciones anteriores, terminó reabriendo el debate sobre el papel de su propio gobierno en las condiciones fiscales actuales.

Para la analista, este episodio también plantea una discusión dentro de la izquierda sobre el liderazgo de Petro y sobre la aparición de nuevos dirigentes que puedan asumir mayor protagonismo, particularmente de cara a las elecciones territoriales de 2027.
 

Más allá de la técnica

El debate sobre las réplicas ha terminado conectado con una discusión más amplia dentro del Pacto Histórico: quién debe ejercer la oposición y qué papel debe ocupar Petro dentro de ella.

Es una inquietud que se comenta en espacios cerrados, pero ya están empezando a escucharse voces en público. Carlos Carrillo, exdirector de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo y una de las figuras más identificables del sector progresista, cuestionó abiertamente la forma en que se produjo la segunda réplica y afirmó que dentro del Pacto existe dificultad para cuestionar incluso aspectos formales de las intervenciones de Petro.

Hernán Muriel, representante del Pacto, defiende el peso político del expresidente como líder de la oposición, pero acepta que la discusión es bienvenida.

Las dos posiciones muestran que no existe una lectura única dentro del Pacto Histórico. Por una parte, Petro conserva un peso político evidente dentro de la colectividad. Por otra, algunos dirigentes consideran necesario desarrollar estructuras y liderazgos que no dependan exclusivamente de él.

Ese debate resulta especialmente importante porque el Pacto Histórico no dispone de un número ilimitado de oportunidades para utilizar el mecanismo. Después de las dos intervenciones realizadas, queda un espacio de los tres previstos por la ley para responder.

El costo de una oportunidad perdida

La pregunta, por tanto, no es simplemente si las réplicas tuvieron problemas de producción o se hicieron sin el cuidado requerido para una colectividad que aspira a volver al poder. 

 

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Gustavo Bolívar se refirió al resultado de la réplica del expresidente Gustavo Petro y señaló que “había podido ser peor”. Bolívar ha sido uno de los dirigentes cercanos al exmandatario. Foto: Joel González - Presidencia.

 

La cuestión política es cómo una organización opositora utiliza un espacio institucional que fue creado precisamente para garantizar que su voz llegue a la misma audiencia que escucha al Gobierno.

La ley garantiza el escenario. No garantiza el mensaje. Tampoco establece quién debe hablar, qué argumentos debe utilizar la oposición ni qué estrategia comunicativa debe seguir. Esas decisiones corresponden a cada organización política.

En el caso del Pacto Histórico, las dos primeras experiencias dejan una discusión abierta: si el protagonismo de Petro seguirá siendo el centro de la estrategia opositora o si la colectividad buscará distribuir la vocería entre otros dirigentes.

En paralelo, en el Pacto hay otra discusión que está creciendo. ¿Hay una estrategia sólida de toda la colectividad para responder a De la Espriella? El interrogante gravita en el ambiente por lo mostrado en los mensajes de los que dispone este partido para su ejercicio democrático.   Y es que las réplicas no han sido la única oportunidad que el Pacto Histórico ha tenido para fijar una posición frente al Gobierno.

En el Congreso, la oposición también ha recurrido a las mociones de censura, pero sus primeros resultados han abierto un debate sobre la manera en que está utilizando esas herramientas de control político tanto en la forma como en el fondo.

La moción contra el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán, fue negada por el Senado el 15 de septiembre con 61 votos en contra y 27 a favor. Y la moción contra el ministro de Defensa, Jorge Eduardo Mora, quedó convocada para debate en la Cámara de Representantes este martes 22 de septiembre. Al día de hoy no cuenta con los votos para anotarse una victoria o al menos preocupar al Gobierno.

Más que presentar estos resultados como derrotas en sí mismas, el episodio plantea una pregunta sobre la estrategia de la oposición: si cada debate, moción o réplica debe utilizarse para confrontar al Gobierno de manera inmediata o si algunas de esas herramientas podrían reservarse para momentos en los que existan mayores posibilidades de construir una discusión política alrededor de asuntos concretos de la gestión oficial.

Por ahora, hay un hecho que sí está establecido: de los tres espacios anuales que permite el mecanismo de réplica frente a las alocuciones presidenciales, el Pacto Histórico ya utilizó dos.

El próximo tendrá que responder no solamente a lo que diga el Gobierno, sino también a una pregunta que la propia oposición ha empezado a formular públicamente: qué clase de oposición quiere construir.

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