
Durante la administración del presidente Juan Manuel Santos, el Ministerio de Relaciones Exteriores –en cabeza de María Ángela Holguín– inicio una tarea que para ese entonces parecía quimera. Después de décadas de grandes restricciones en materia migratoria para los colombianos, de atropellos y maltratos en aeropuertos y puestos fronterizos, el país había empezado a cambiar y era el momento de que el trato a los colombianos en el exterior también lo hiciera.
Es indiscutible que el narcotráfico, las múltiples formas de economía ilegal y el conflicto armado, nos convirtieron en un país problema para el resto del mundo. El resultado era apenas obvio: no éramos bienvenidos y nuestra presencia en cualquier lugar fuera de nuestras fronteras era vista con sospecha. Las restricciones a través de las visas se hicieron costumbre y nuestra movilidad internacional se convirtió en un verdadero dolor de cabeza.
Desmontar semejante aparataje de restricciones no iba a ser fácil, pero al presidente Santos y a su canciller les pareció que valía la pena intentarlo. Por eso decidí hablar con la exministra Holguín, para tratar de reconstruir este proceso y lo que aprendí de esta conversación nos deja lecciones importantes en materia de gestión internacional que quiero compartir en esta columna.
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