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Yohir Akerman
Puntos de vista

Capitán América

Esta es la historia de cómo un curtido agente especializado de la DEA pasó de luchar contra los carteles colombianos de la droga, a vivir de ellos. Y no solo de subsistir de los dineros de las mafias y los lavadores de activos, sino de gozar de un estilo de vida como el de los mafiosos, lleno de joyas, fiestas en yates con prostitutas, carros de lujo y, sí, muchas drogas.

El agente especial de la Administración para el Control de Drogas (DEA) José Ismael Irizarry estuvo en Colombia desde agosto de 2009 hasta enero de 2016. Casado con una colombiana, echó raíces en este país, investigando los tentáculos de los narcotraficantes colombianos y sus redes de blanqueamiento de capitales. Fue tan profunda su pesquisa que pasó de la teoría a la práctica y terminó siendo otro objeto de la investigación.

Por estos hechos fue condenado por la jueza, Charlene Honeywell, del Tribunal de Distrito ubicado en Tampa, a 12 años de prisión. Antes de entrar a pagar su prisión a la cárcel, se sentó con los periodistas Joshua Goodman y Jim Mustian de AP, a contar que él no era el único agente de la DEA que participó de este esquema de beneficios y lavado de dinero.

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