
Gustavo Petro, el candidato que puntea en las encuestas, debería andar con cuidado en esta recta final porque hay pasos de animal grande merodeando su campaña.
Sus enemigos están en plena forma. El primer hecho preocupante sucedió a principios de enero de este año, cuando Petro empezó a despegarse del lote de los demás candidatos en las encuestas. De manera sorpresiva, aparecieron varios empresarios extranjeros, de perfil desconocido pero muy interesados en financiar su campaña. Supimos también que varios de estos empresarios eran de nacionalidad mexicana y que lograron hablar incluso con miembros de la campaña de Petro para comunicarles que querían aportar dinero. En vista de que se trataba de empresarios desconocidos, sin huella digital, la campaña optó por cerrarles la puerta y afinar aún más el protocolo de entrega de dinero. Así me lo confirmaron.
Estos hechos coincidieron con una información que llegó a oídos del candidato por la misma época, según la cual habría un plan en marcha para enlodar su aspiración presidencial y demostrar que era financiada con dinero de Maduro. Armando Benedetti, uno de los voceros de la campaña de Petro que supo de esto, me contó que quienes los alertaron del plan también les dijeron que “para lograr ese objetivo, iban a utilizar a gente cercana a Piedad Córdoba”, la defensora de Maduro que aspira a una curul al Senado por el PH y sobre la que gravitan varios escándalos que la tienen en el ojo del huracán.
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