
Firmar una certificación falsa al amparo de la ingenuidad o por ser buena gente, puede traer consecuencias económicas y penales desafortunadas.
El favor es lo de menos. No es extraño que un empleado le pida a su patrono que firme una certificación laboral que diga que gana más de lo que en realidad recibe como remuneración. La razón, le dice al jefe, es para que le aprueben un crédito en el banco. O para demostrar mayor solvencia económica ante una embajada que otorga una visa para poder viajar al extranjero.
Un jefe poco curtido o que apenas comienza en el mundo laboral, firma pensando que haciéndolo le está haciendo un gran favor a su empleado y que así quedará como un jefe ejemplar. Gran equivocación.
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