
Una conversación en la mesa del comedor se convirtió en un interesantísimo descubrimiento literario.
Por: Luis Alberto Arango
Era la hora de la cena y sentados a la mesa, mi hija hace un comentario para explicar algo que estaba pasando con un estudiante de su colegio.
—…es que se parece a Malfoy —dijo.
No entendí lo que decía, mi cara se lo hacía notar. Pasaron unos segundos y reclamó que yo no hubiera leído los libros de Harry Potter.
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