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Rodrigo Lara
Puntos de vista

Bogotá: la nueva frontera de la guerra entre las grandes estructuras del narcotráfico

Llamemos las cosas por su nombre: en Bogotá se están cometiendo masacres. Sí, masacres, es decir, asesinatos de más de tres personas. Como las que se perpetran todas las semanas en departamentos como Nariño y Cauca, con la única diferencia de que aquí los cuerpos aparecen tirados en bolsas de basura en la calle, luego de ser sórdidamente desmembrados: una situación nunca antes vivida en la capital de la República y que significa que estamos ante un fenómeno de implantación en la ciudad de sofisticadas y muy peligrosas macroestructuras criminales que deben enfrentarse sin matices y cortarse de raíz antes de que sea muy tarde.

La respuesta inicial de la alcaldesa Claudia López a esta sanguinaria realidad fue políticamente equivocada y negacionista. Desconoció la gravedad del proceso de arraigo en Bogotá de estas estructuras criminales, presentándolo como una simple vendetta entre narcos en el contexto de una positiva tendencia a la baja de las estadísticas de homicidios. Una forma de comparar situaciones parecidas pero distintas, con el fin de producir un atenuante efecto tranquilizador en la opinión y de alguna manera negar la realidad. Sin duda, un error de apreciación que no tranquiliza a nadie; al fin y al cabo, decirle a la gente que está segura de nada sirve, si la misma gente siente que vive en permanente peligro y se encuentra todas las semanas con macabras apariciones de cadáveres desmembrados frente a las puertas de sus casas o del colegio de sus hijos.

Bogotá es la nueva frontera de la guerra entre las grandes estructuras del narcotráfico. Estamos ante la expansión en los barrios de la ciudad de las grandes estructuras criminales del país, que, para implantarse, necesitan no solamente matar, sino también desmembrar para producir terror, imponer la ley del silencio y trazar fronteras invisibles en los barrios que pretenden controlar. Cada cadáver desmembrado y embolsado es antes que todo un mensaje a la población civil; dirigido a doblegarla, silenciarla y someterla a su autoridad.

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