
La vileza despreciable de los asesinos de la patrullera de la policía Paula Cristina Ortega Córdoba merece nuestro más fuerte repudio. No basta con la condena de los autores materiales.
En la cotidianidad es fácil pasar por alto las innumerables caras que se desvanecen en la multitud. Sin embargo, hay momentos en los que una de esas caras se ilumina, destacándose de las demás, y por desgracia, a veces es a través de la tragedia.
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