
Nos sentimos con cierta aprehensión, quizás el sueño un poco extraño, tal vez la respiración entrecortada o con sensación de suspiro, un poco de miedo, algunos con parálisis y otros tratando de ver todas las noticias repetidas en cada red social o publicación noticiosa. Así es la ansiedad flotante que vivimos en medio de las ciudades que habitamos.
Siempre está pasando algo en el mundo; la diferencia es que ahora estamos al tanto de todas las noticias, viviendo la inmediatez de la información instantánea, las noticias replicadas en nuestros múltiples grupos de chat, el algoritmo de TikTok que ya reconoció dónde está tu estado de alerta para mandarte todo lo relacionado a ello, sumado a la necesidad de sentir que se está en el ojo de la actualidad, la opinión y el deseo de saber más que los demás.
Se inundó el norte de Bogotá con niños atrapados por horas en sus rutas escolares, llenos de imágenes que traían a nuestra mente a Valencia, Barcelona y otras ciudades del mundo golpeadas por fenómenos naturales recientes; surgieron los comentarios en torno a “parece que lo del cambio climático sí es de verdad” o “el mundo se va a acabar”, pero en cuestión de unos días caerá en el olvido y nuestra vida seguirá normal, hasta que pase otra cosa, como probablemente sucederá.
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