Ir al contenido principal
Efrén Martínez
Puntos de vista

Entre la rigidez y la rigurosidad

El perfeccionista carece de flexibilidad psicológica y tiene una sensibilidad particular a sentir en ciertas circunstancias que necesita demostrar que es suficiente, capaz y sin error alguno. Hay algunos logros que no alcanza a experimentar a satisfacción, creyendo que los mismos no son tan merecidos o que no son tan importantes, motivo por el cual no disfruta lo que obtiene, ni goza lo conseguido, pues siempre considera que no es para tanto. Equivocarse, fracasar, errar o cualquier circunstancia que evidencie que no consigue el nivel para hacer algunas cosas que son importantes para él le estresa, compartiendo y repartiendo su tensión emocional con todas las personas que le rodean.

Al perfeccionista le incomoda cuando sus proyectos no alcanzan el máximo nivel, pues su exigencia les hace aspirar a la perfección de todo. Pero al convivir con la sensación de incompletud, nunca nada basta, motivo por el cual vive sobre esforzado, sin descansar, dormir o disfrutar de una pausa en su cabeza.

La duda acerca de si las cosas o acciones por hacer son las adecuadas o suficientes puede generarle cierta angustia, pues no es fácil vivir con la incertidumbre de '¿habré completado las cosas y estarán bien hechas?', '¿Tendré que corroborar tres veces que quedó bien esto?'. Esta sensibilidad particular le hace interpretar como amenazantes algunas circunstancias en las que cree que su imagen se verá afectada, que quede mal, y sea visto como insuficiente o falto de capacidad. La necesidad de hacer todo perfecto lo lleva a vivir sintiendo que el tiempo no alcanza para todo lo que hay que hacer, ahorrando todo, previendo todo para calmar su mente catastrófica.

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.

Suscribirme
Finalización del artículo

Lea los comentarios

Artículo exclusivo para suscriptores

Suscriptores

Compartir en redes sociales