
María José, Carlos, Andrés o Rocío son nombres comunes que, a la vez, pueden ser el de uno de nuestros hijos, hermanos o amigos.
Esos nombres sin rostro representan a un niño o adolescente que hoy no está con su familia, que no terminó el año escolar o que no reza la Novena porque fue reclutado a la fuerza por los grupos al margen de la ley y obligado a portar un fusil.
Una madre de seguro ora por ese hijo que se llevó el conflicto y mira con desconsuelo el lugar donde se sentaba mientras comía y contaba entre risas cómo había transcurrido su día.
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