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Luis Alberto Arango

Que mis hijas nunca permitan el primer irrespeto

Como padre de dos hijas adolescentes, vi con horror el video de la golpiza de Ricardo Leyva a Karen Santos. Esa escena me hizo sentarme con ellas, a hablar de límites, de violencia y de la trampa de confundir amor con miedo. Pero por encima de todo, del amor irrestricto e incondicional de sus padres.

Por: Luis Alberto Arango

Tengo dos hijas de 16 y 14 años. He tenido muchos temores como padre, pero confieso que, después de leer la entrevista de CAMBIO que hizo su director Federico Gómez Lara a Karen Santos, publicada el pasado domingo 30 de noviembre y de ver el video que ella autorizó publicar, apareció uno nuevo: el temor a que algún día una de ellas termine al lado de un hombre capaz de hacer lo que vi ahí.

Vi y escuché el video horrorizado. No hay otra palabra. No era una “pelea de pareja”, ni un “conflicto doméstico”, ni un “momento de rabia”. Era un intento de feminicidio. Un hombre fuera de sí, Ricardo Leyva (el famoso empresario de conciertos), descargando golpes contra su expareja, insultándola con palabras soeces y, además, culpándola a ella de la violencia que él mismo ejercía. El video es aterrador. Quedé sin aliento al oír las frases de Leyva, acompañadas de groserías y golpes: “¿querías que te golpeara?”, “¿querías que te matara?”, “me estás toreando”, “¿eso era lo que querías?”, “me has buscado, me has provocado toda la noche”. Todas impactantes, pero estas dos me helaron los huesos: “te voy a golpear y te voy a destrozar”, “¿quieres que sea un asesino?” …

La entrevista de Federico Gómez Lara es, probablemente, una de las más difíciles que un periodista puede hacer. No solo por la crudeza de lo que ella narra, sino porque detrás de cada respuesta hay años de golpes, miedo, humillación, amenazas a sus hijos, cirugías, hospitales, policías que llegan a proteger al agresor y no a la víctima, y un círculo social que sospecha, comenta en voz baja, pero sigue como si nada. Que Karen haya decidido hablar, mostrar pruebas, entregar videos y audios, es un acto de valentía descomunal. Aceptar revivir ese infierno frente a un periodista y frente al país no es heroísmo gratuito. Es una forma de sobrevivir para ella y de evitar que otras mujeres terminen muertas.

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