
Nada hay más diseñado para la competencia –que no se sepa quién va a ganar– que los deportes, que por ello tienen como característica irrenunciable el competir por categorías, por pesos y por edades. Porque si no fuera así, los campeones solo saldrían de entre los mayores o de entre los más pesados. Por razones semejantes, tampoco compiten hombres con mujeres.
¿Cuánto se demoraría un coliseo en llenarse de gritos “¡fraude, fraude, fraude!” si subieran al ring a un boxeador de cien libras con uno de doscientas?
Pero nos hablan de libre comercio cuando a los 50 millones de colombianos nos ponen a competir de igual a igual y en medio de enormes desigualdades con 333 millones de norteamericanos y 448 millones de europeos, con nuestro producto por habitante de 7.323 dólares (2024), el de Estados Unidos, de 85.373 y el de la Unión Europea, de 42.440, y con los PIB totales de ellos 75 y 50 veces más grandes, respectivamente, que el de Colombia.
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