
Cientos de estudios han sido publicados sobre el tema del monitoreo de los padres a nuestros hijos, relacionándolo con menor participación por parte de los adolescentes en actividades criminales, disminución en las actividades sexuales de riesgo y menor consumo y abuso de sustancias. De hecho, en general las principales problemáticas psicosociales de la adolescencia parecen atenuarse y prevenirse en muchas ocasiones con el desarrollo de niveles adecuados de involucramiento parental.
Y es que el conocimiento de las actividades, lugares y compañías en las que se encuentran nuestros hijos o la capacidad para tener conocimiento de qué están haciendo, dónde lo están haciendo y con quién, marcan la diferencia. Asunto que, sumado a un vínculo poderoso e involucramiento en las actividades de ellos, termina generando menores consumos de drogas, menos cantidad de actividades delincuenciales, mayor fortalecimiento de la salud mental, mejor gestión del bullying y, en general, un manejo más adecuado de diferentes crisis.
Estar pendientes del comportamiento de los hijos, tener cercanía, conexión, empatía e información sobre las cosas que hacen, tener contacto con sus amigos, los padres de estos amigos y claridad en las normas y expectativas sobre lo que esperamos para ellos en términos de su cuidado, son una tarea a los que no podemos renunciar.
Artículo exclusivo para suscriptores
Suscríbete para acceder a todo nuestro contenido.
SuscribirmeLea los comentarios
















