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Luis Alberto Arango
Puntos de vista

El riesgo de las juntas directivas ingenuas

Estar en una junta directiva exige más que un buen nombre: requiere preparación, perspicacia y el coraje de cuestionar con respeto e inteligencia, incluso cuando todo aparenta estar bien.

Por: Luis Alberto Arango

Una de las experiencias más valiosas que he tenido en mi carrera profesional fue comenzar mi vida laboral como asistente de gerencia en una compañía que me dio la oportunidad de ver, desde muy temprano, el funcionamiento íntimo de una organización. El gerente general confió en mí plenamente y me asignó tareas estratégicas: asistir a las juntas directivas, preparar la información para dichas reuniones, hacer seguimiento a los compromisos y ser su mano derecha en lo que a gobierno corporativo se refiere.

Fue allí, en esa etapa formativa, donde desarrollé una sensibilidad particular para entender la dinámica que se presenta entre la administración y la junta. Y también fue allí donde descubrí, con cierto asombro, lo vulnerables que pueden ser incluso las juntas mejor conformadas.
Con frecuencia me encontraba frente a miembros de junta que, tras varias reuniones, seguían sin comprender del todo el negocio. Repetían preguntas básicas, generalizaban conceptos o requerían explicaciones elementales, una y otra vez, sobre los mismos temas. No era por falta de capacidad intelectual, sino por falta de preparación. No leían con rigor los documentos enviados previamente, llegaban sin un marco crítico, y aceptaban la narrativa que les era presentada sin mayor cuestionamiento.

“Y descubrí también que un gerente puede manejar la percepción de la junta, si esta no tiene la agudeza para leer entre líneas”.

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